viernes, 31 de octubre de 2014

'The 100', la serie que sabe beber

En televisión hay herencias, plagios y referencias. Por ser un medio tan joven, ni que sea porque prácticamente sólo se utilizan como referencias las series de los últimos veinte años, nos encontramos con bastantes casos de parecidos y guiños más que razonables. El miércoles, por ejemplo, hablaba de ‘Boardwalk Empire’ como supuesta heredera de ‘Los Soprano’ y no era ningún golpe bajo. Seguro que en los propios despachos de HBO, que emitió las dos series, hablaban en estos términos. Bueno, y debían añadirle la etiqueta de Scorsese para sentirse bien con ellos mismos.

Una de las series actuales que más se presta a las comparaciones es ‘The 100’. Su planteamiento era muy ‘El señor de las moscas’, con ese grupo de chavales problemáticos que mandaban a la Tierra para descubrir si ya era habitable, pero la serie ha sufrido un proceso de transformación. Su mayor fuente de inspiración (y no lo disimulan) es ‘Perdidos’. Como la serie de J.J. Abrams y Damon Lindelof, nos hicieron creer que nos encontraríamos con unos náufragos viviendo el día a día en una tierra hostil... y descubrimos que no estaban solos. Encontrar agua y comida era el menor de los problemas.

La cuestión es que tener una serie como referencia no tiene porqué ser malo. Las referencias son como el alcohol, que hay que beber con moderación y, si se hace, pues que el sujeto mantenga la dignidad y no pierda la compostura. De hecho, con una copita a veces sale lo mejor de uno mismo y en el caso de ‘The 100’, por más que se monten botellones descontrolados, aguantan muy bien el tipo. Sólo hace falta ver el arranque de la segunda temporada. Si no hubiéramos vivido todos esos enigmas de la escotilla y los otros, probablemente hubiera aplaudido delante del televisor. Pero, como sí lo había vivido, me conformé con asentir con admiración.

El responsable, Jason Rothenberg, entiende bastante bien que los tiempos han cambiado. Si debe utilizar ‘Perdidos’ de referencia, no puede permitirse el lujo de hacernos esperar y la hiper-actividad de la protagonista Clarke y el resto de los personajes es muy astuto. No hay tregua como tampoco la tienen ellos y de momento no se ahogan en la trama. Cuando ‘The 100’ se presentó podía augurar lo peor a nivel de personajes, ni que sea porque parecían sacados del molde de la CW y corrían el riesgo de funcionar a base de giros.

Clarke es una muy buena heroína (me estoy haciendo muy fan de su determinación), su madre vende su instinto maternal, Bellamy ha tenido un buen recorrido y Finn está en proceso de ser un chico-de-la-serie correcto. Hasta un personaje como Raven sorprende para bien con una madurez impropia para el canal, que demuestra que no estamos ante una serie teen sino simplemente ante ciencia ficción bien hecha.

Los títulos de crédito que han inaugurado con esta segunda temporada también dejan entrever que ‘The 100’ será prácticamente una partida de Risk con las distintas facciones de humanos luchando por la supervivencia. ¿Acaso podíamos imaginarlo cuando nos vendieron la serie como ‘El señor de las moscas’? Y, si bien no lo copiaron de ‘The Walking Dead’, más de uno verá paralelismos entre los caminantes de Robert Kirkman y el segundo episodio emitido este pasado miércoles.

Sí, ‘The 100’ es una serie muy notable y por suerte, por más que se inspire en ‘Lost’, nos cuenta otra historia. Luce barata, tiene multitud de inspiraciones pero juega bien sus bazas y no deja que su presupuesto y referencias coarten su libertad de movimiento. Es muy recomendable, sobre todo para aquellos que no pasaron de los primeros episodios, donde únicamente sentaron las bases del universo. Ahora que juegan de verdad, podemos pasarlo más que bien.

miércoles, 29 de octubre de 2014

El fenómeno que nunca fue

La sombra de ‘Los Soprano’ es tan alargada que prácticamente cualquier serie de cable con un personaje inmoral tiene que medirse a la obra de David Chase. Es ley de vida, lo que comporta cambiar las reglas de la televisión. Hasta Bryan Cranston recordó tras la muerte de James Gandolfini que le debía el personaje de Walter White a él por hacer tan atractivo a Tony Soprano. Pero ninguna serie ha estado más sujeta a estas comparaciones que ‘Boardwalk Empire’.

HBO la concibió como la sucesora natural y no es casualidad que su creador Terence Winter se hubiera formado en la serie de Chase. Se vendió, de hecho, como una versión de época de ‘Los Soprano’ cambiando el Nueva Jersey actual con Atlantic City durante la popular Ley Seca. Sus protagonistas, al fin y al cabo, no dejaban de ser dos gángsters que procuraban mantenerse en lo más alto de la pirámide a pesar de no parecer tallados para ello. Mientras que Tony tenía que ir al psiquiatra por las malas pasadas del subconsciente, Nucky Thompson era percibido como un buen jugador pero no un capo.

La palabra fenómeno, en cambio, nunca cruzó con ‘Boardwalk Empire’, que terminó el pasado domingo en Estados Unidos. Los fenómenos por lo general suman espectadores temporada a temporada, por lo menos en su primer lustro y hasta más allá. Las últimas series en tener esta suerte así lo demuestran: ‘Breakind Bad’ hizo un ascenso fulgurante en su último año, ‘The Walking Dead’ está batiendo récords y ‘Sons of Anarchy’ está teniendo su temporada más vista hasta la fecha. Terence Winter y Steve Buscemi se han tenido que conformar con mantener una parroquia modesta, decente y fiel que se ha quedado hasta el final sin hacer excesivo ruido.

Esto no quita que ha estado cinco años en antena y que es de HBO, lo que significa que irse por la puerta de detrás no era una opción como tampoco lo fue su llegada. Su piloto de 18 millones de dólares (construyeron el precioso muelle de Atlantic City) y la participación de Martin Scorsese en tareas de producción y con la dirección del piloto permitieron que se vendiera por si solo. Y, si bien tenía que ser la nueva ‘Los Soprano’, se ha tenido que conformar con ser un ambicioso y muy correcto drama criminal que jamás estuvo a la altura de sus propias expectativas.

Fue una serie que funcionaba a base de acumulación, que escribía multitud de conflictos que podían confluir más o menos al final de la temporada hasta crear clímaxes vibrantes y magistrales. Los desenlaces de las dos primeras temporadas son dos de las mejores tandas de episodios que probablemente he visto. Pero el periodo de construcción podía llegar a ser desesperante de tan distante y de cuanto se veían los hilos de los guionistas. Tenía que haber una forma más atractiva de desarrollar los personajes y situaciones como por ejemplo hacía ‘The Wire’ del mismo canal y con herencia similar.

Descubrir al inicio de cada temporada que Terence Winter empezaba de cero otra vez, que la naturalidad se había perdido y que tocaba engrasar otra vez los engranajes, hizo que abandonase la serie a mitad del recorrido. Y tampoco ayudó que desapareciesen los personajes más interesantes mientras Nucky se quedaba en un primer plano, siendo menos carismático que la mayoría de sus rivales y cómplices. La ambición siempre fue el mayor aliciente de la serie y acabó por ser su mayor enemigo.

Volviendo a la comparación con ‘Los Soprano’, es normal que haya sido su heredera artificial pero no la natural. Temáticamente encajaba y era más refinada y lujosa, pero otras series la adelantaron por la derecha y por la izquierda dentro de HBO. ‘Juego de Tronos’ ocupó el lugar de serie fenómeno respetada por la crítica, superando los datos de la familia Soprano, y el invierno pasado ‘True Detective’ suscitó unas discusiones entre los críticos que el canal no generaba desde hacía años, probablemente cuando ‘The Wire’ resucitó gracias al mercado doméstico (y si exceptuamos los debates acerca de si ‘True Blood’ era una buena serie o una serie mala muy buena, que tenía unas intenciones muy distintas).

Es ley de vida, por lo tanto, que se despida ahora que el canal tiene sustitutas. El test del tiempo dirá hasta qué punto se la valorará por sus virtudes (que tenías muchas) o sus defectos (que tenía demasiados). Claro que el reto, en realidad, es que simplemente se recuerde y no siga en la penumbra de las otras joyas de HBO encumbradas.

P.D. Podcast: Puede que en ‘Yo disparé a J.R.’ hablemos de las series por apartados, diferenciándolas claramente, pero esto no quita que esta semana entre una y otra no hablemos de la diversidad racial y cultural de la televisión americana, especulamos sobre qué significa que una serie es muy judía y comentamos el cambio de percepción de las identidades sexuales y las sexualidades. Aquí el guión:
- 00': Introducción.
- 04': El piloto de 'Cristela'.
- 14': 'Jane the virgin', la sorpresa de la temporada.
- 31': 'Transparent', la revelación indie del año.
- 54': 'Faking it' y la normalidad de la diversidad sexual.
- 67': El arranque de la quinta temporada de 'The Walking Dead'.

lunes, 27 de octubre de 2014

Cualquier color puede ser neutro

El éxito de los canales de cable en Estados Unidos tuvo sus ventajas de cara a los espectadores. La oferta aumentó de forma considerable, los canales apostaron por contenidos propios y de una manera u otra el espectador podía encontrar programas destinados a él. Hay canales para mujeres blancas, para negras, para aficionados a los documentales, otros obsesionados con la lucha libre, canales en castellano y para jóvenes que sueñan con descarriarse.

Pero esta infinidad de parrillas con perfiles distintos también tuvo una contrapartida: dejó de existir la televisión para todos los públicos. Socialmente podías intercalar opiniones con tus mejores amigos pero, si tocaba hablar con desconocidos, era más complicado que compartierais referentes televisivos. La fragmentación de la audiencia contribuía a la fragmentación de la sociedad y las networks lo amplificaron. En lugar de arriesgar, de querer incluir los nichos, casi les rehuyeron. ¿Dónde estaban los príncipes de Bel Air? En ningún canal para todos, sólo en aquellos orientados al público negro o, como se le llama ahora, urban.

Este desprecio hacia las minorías, que sólo encontraban personajes parecidos a ellos en concursos como ‘The Voice’ o ‘American Idol’ o con algún secundario sin demasiada sustancia de alguna serie, parece estar dando un cambio de rumbo. Las audiencias de las networks son tan pequeñas en comparación con antaño que, por ejemplo, ABC está intentando atraerles otra vez. Ya no producen únicamente para los blancos o por lo menos han dejado de creer que el blanco es el color de piel universal. Me refiero a que Hollywood se considera que un blanco es un protagonista válido para todos los públicos y uno de otra raza no, a menos que seas Denzel Washington o Will Smith.

El game-changer probablemente fue Kerry Washington y su papel en ‘Scandal’, donde Shonda Rhimes arriesgó y eligió una mujer afroamericana para interpretar a Olivia Pope. Literalmente no habíamos visto una actriz negra en un protagonista absoluto desde hacía décadas. Así culminaba un sueño, el de la normalización que Shonda ya había tanteado en ‘Anatomía de Grey’, y este año remató la jugada con Viola Davis en ‘How to get away with murder’, la serie que produce con su empresa Shondaland. ¿Uno de los puntos más comentados? Que Davis, además de ser una actriz de prestigio, tiene un tono de piel muy oscuro a diferencia de Washington o Halle Berry, que este verano estaba en ‘Extant’ en la CBS.

Es un soplo de aire fresco ver como el canal ABC, que emite ‘Scandal’ y ‘HTGAWM’ (o, como prefiero llamarla, ‘Murder’), también ha abierto otros caminos. ‘Blackish’ es una comedia familiar donde todos sus personajes son negros y los viernes emite la comedia ‘Cristela’ sobre una familia latina. Cristela Alonzo, por cierto, es muy divertida aunque es una lástima que la serie no esté a su altura (y eso que se la escribe ella, así que culpa suya). Se nota que ABC se ha cansado que los espectadores se fuguen a BET, OWN o Univision y quiere reivindicar ese mercado.

Si bien es maravilloso que cada uno pueda configurarse su parrilla y encontrar canales a su imagen y semejanza, es fantástico ver contenidos que aspiran a atraer a todos los públicos sin asumir que el blanco es el color neutro, sobre todo en un país con tanta diversidad racial como Estados Unidos.

sábado, 25 de octubre de 2014

La primera cancelación

Cada año hay una competición en la televisión americana entre los canales de televisión. En septiembre abruman con estrenos todas las noches de la semana, colocados en lugares estratégicos para hacer la vida imposible al espectador. Es importante comprobar quién gana en la batalla por la audiencia. Pero hay otra rivalidad bastante más rastrera que es descubrir quien será el primero en quitar polvo a la guillotina y cancelar una de sus novedades, de esas que debían cambiar el medio y la suerte de la cadena y que apenas alguien se tomó la molestia de conocerla.

‘Lucky 7’, ‘Do not disturb’, ‘Lone Star’ o ‘My generation’ son algunas de estas series que literalmente pasaron con mucha pena y ninguna gloria por la televisión. Bueno, los críticos defendieron ‘Lone Star’ a capa y espada pero FOX emitió dos episodios y decidió que quería dejar de hundir la media de la cadena con una serie que no quería ver nadie. Pero este año llevamos unas cuantas semanas y justamente hoy se ha anunciado la primera cancelación oficial, la de ‘Manhattan Love Story’. ¿Por qué han tardado tanto? ¿Acaso todo son éxitos?

Primero de todo, pongamos los puntos sobre las íes. En realidad hoy no ha habido la primera cancelación pero hay un canal con suficiente morro como para fingir que no ha cancelado un estreno. Me refiero a ‘Mulaney’, que ha emitido tres episodios en FOX y que tenía que rodar 16 episodios con la esperanza de recibir un encargo adicional. En lugar de pedir más episodios, el canal ha reducido el encargo: habían rodado ya 13 y, de momento, que no rueden más.

Esto probablemente es una cancelación pero, como el ritmo de rodaje estaba tan avanzado, lo maquillan como una simple disminución del encargo. La idea que venden los comunicadores del canal es que, si las audiencias remontan, pondrán otra vez las cámaras en marcha pero esto no es nada que no pueda hacer un canal siempre que tenga el talento bajo contrato.

Lo que pasa es que cuando una serie se estrella a lo grande, normalmente hay rodados seis o siete episodios y, por lo tanto, parar el rodaje se nota más. Y FOX, como está teniendo un fracaso tras otro, tampoco se atreve a quitar la serie de la programación: si lo hiciera con ‘Mulaney’, tendría que hacerlo con ‘Red Band Society’, ‘Gracepoint’, ‘The Mindy Project’ y ‘Utopia’, que están siendo un desastre.

¿Y qué pondría en su lugar? Una repetición de alguna serie que obtendrá los mismos datos? Para eso, a quemar los episodios de ‘Mulaney’. Lo normal, además, es que no se anuncie una cancelación. Son los equipos quienes lo califican así por Twitter y muchas veces las cadenas esperan a la primavera, cuando efectivamente ponen de manifiesto que no rodarán más episodios de esa serie.

En la revista Time, sin embargo, le han añadido otro factor a esta tardanza ante las primeras cancelaciones. Antes los directivos miraban las audiencias de los programas del día anterior y decidían. Hoy en día miran las audiencias del día anterior, los espectadores acumulados en los tres días desde la emisión y finalmente las cifras de la semana entera, por no hablar de los consumidores de la página web de la cadena, y el ruido que genera en internet y que puede generar oportunidades de negocio en la venta de derechos si la ficción pertenece al conglomerado. Ya no es tan fácil como ver un número al día siguiente y decidir que no es suficiente.

La industria está cambiando a marchas forzadas y las networks no se atreven a descartar programas cuando su modelo de negocio está en proceso de transformación. Cada vez hay menos compras a productoras de fuera de la empresa, por ejemplo, porque se entiende que la explotación de un contenido pasa por todas las fases (producir el contenido, emitirlo, vender los derechos para online, la sindicación a otros canales, las ventas internacionales). Y en Estados Unidos las networks deben encontrar la forma de monetizar del todo esas audiencias en diferido, aquellas que graban los episodios y los consumen los días posteriores. Pero si tienes que cerrar el grifo a una serie, es mejor esperar a conocer y entender todas las variables.

Otra cosa es que este año hemos tenido unos cuantos fracasos estrepitosos y aún así se han negado a cancelar. ‘Mulaney’, como todo lo que ha estrenado la FOX aparte de ‘Gotham’, es un desastre y su mala imagen les impide eliminar las series de su parrilla. Hoy en día con tres semanas de promoción no tienes suficiente con lanzar una serie y ahora mismo no tienen nada en la recámara preparado para suplir ‘Red Band Society’ o ‘Gracepoint’.

Por esto hoy habrá muchos titulares que digan que ‘Manhattan Love Story’ es la primera serie cancelada de la temporada cuando en realidad lo es ‘Mulaney’. Claro que ABC puede estar más tranquila y tiene menos que demostrar: por lo menos también ha conseguido el éxito del otoño. ‘How to get away with murder’ está funcionando francamente bien detrás de ‘Scandal’ y junto a ‘Anatomía de Grey’ barren en la noche de los jueves.

jueves, 23 de octubre de 2014

'Selfie', Chollan y Renée Zellweger

Si algo han demostrado las redes sociales estos días es que son un invento maravilloso para estar en contacto con el mundo entero... para hablar del rostro de Renée Zellweger. Ningún periódico se pasó por alto esta metamorfosis casi kafkiana y Twitter ardía en llamas. ¿Esa mujer era la antigua Bridget Jones? Parece ser que sí. Y, lo que es una anécdota trivial, también es otra de televisiva bastante curiosa. La serie ‘Selfie’, como si fuera Nostradamus, había intuido que el drama de la nueva cara de Renée estallaría esta misma semana.

La comedia emitió un episodio el martes y, entre pelucas y más pelucas de la secretaria Charmonique (que probablemente era el bastidor de Julianna Margulies), Karen Gillan soltó una acertadísima referencia a Renée. “No debes ponerte una peluca tan distinta a tu estilo que tu chico ni te reconozca”, le aconseja en la piel de Eliza Dooley, ese personaje que probablemente haría vomitar a Audrey Hepburn. Y luego Gillan se saca el móvil y muestra la fotografía de una señora: “por ejemplo, Renée Zellweger todavía está muy bien, ¡pero no se parece para nada a Renée Zellweger!”.

Este Zellwegate no es algo que un habitual de las revistas no conociera porque este cambio de rostro (o usurpación de identidad, que tendría más sentido) hace tiempo que ocurrió. Pero tiene gracia que ‘Selfie’, que parodia las redes sociales en cada episodio y que tiene un título tan quiero-ir-tan-de-moderno-que-parezco-rancio, tenga precisamente el don de presagiar el drama cuando el episodio se rodó hace semanas. ¿Será una señal de que, efectivamente, la comedia no va por tan mal camino?

Mientras su compañera en ABC, esa rom-com llamada ‘Manhattan Love Story’, cada semana es un poquito peor que la anterior con tanta voz en off y una Annaleigh Tipton desaprovechada, ‘Selfie’ hace el proceso inverso. Jamás entenderé porqué obligan a Gillan a renunciar a su acento original, lo que hace su interpretación un tanto extraña, pero ella y John Cho hacen una pareja muy simpática y con química.

Charmonique es una secundaria con potencial (quiero webserie de ella eligiendo pelucas cada día), algunas referencias funcionan (hay otra a Jessica Simpson que tiene gracia) y la pareja es la razón por la que no me pierdo un episodio. ¿Deben depurar gags y tantas menciones a instagram? Sí, pero Chollan vale la pena.

martes, 21 de octubre de 2014

La leyenda de Aang

Contemos los países del mundo, el número de canales, los géneros y las plataformas de contenido. Estar al día de todo es una misión literalmente imposible, no existen suficientes horas en el día. Pero esto no significa que de vez en cuando no se pueda salir del molde para probar un poquito de aquí y un poquito de allí. ¿Quién hubiera imaginado que intercalaría durante una semana la versión británica de ‘X Factor’ con la australiana y la sudafricana? El otro día, sin embargo, me picaron la curiosidad con algo completamente distinto: la animación infantil.

Al final del año pasado reivindiqué ‘Gravity Falls’ como una de las series del año pero había cierta trampa. Esa serie, por más que vaya dirigida a niños, tiene muchas capas, guiños y referencias a los mayores sin ser un producto adulto. Para eso ya tenemos ‘Bob’s Burgers’ que es fantástica y arrancó la temporada con musicales improvisados de ‘Jungla de cristal’ y ‘Armas de mujer’ (sí, hay que adorar todavía más a los Belcher y a Tina en especial por llevar hombreras para su estreno teatral). Pero la cuestión es que el otro día leí a alguien comparar el nivel de ‘The legend of Korra’ con ‘The good wife’ y se me erizaron los pelos. Ya tenía el gusanillo.

Esta serie, que conste, todavía no la he empezado. Como siempre tiene que ocurrir con toda serie que se precie, hay que pagar un peaje antes de adentrarse en ese universo. En este caso, hay que ver ‘Avatar: The legend of Aang’ que es la serie que la precede y que muchos reconocerán porque M. Night Shyamalan adaptó al cine con críticas catastróficas. Y, si ‘The legend of Korra’ está escrita para aquellos que crecieron con Aang (2005-2008), significa que efectivamente ‘Avatar’ es una serie infantil. Para ser exactos, estaba destinada al público de 6 a 11 años (como si fueran el mismo, pero supongo que Nickelodeon debe ponerse los objetivos de alguna forma).

La premisa es interesante. El equilibrio del mundo se divide en cuatro tribus: aire, tierra, fuego y agua. Cada grupo tiene guerreros que dominan su elemento a su antojo pero este equilibrio se trunca cuando el Imperio del Fuego decide someter al resto de la humanidad. Cien años llevan apoderándose del territorio y exterminando a sus enemigos, y el único que puede cambiar el curso es el Avatar, una figura única que controla todos los elementos y que cuenta con la ayuda de los espíritus. Pero el Avatar lleva un siglo desaparecido y es porque Aang, que todavía es un niño, ha estado congelado durante todo este tiempo. Cuando despierta no sólo descubre que el planeta está en guerra, también que es el último maestro del aire y que tiene que aprender a dominar todos los elementos para luchar contra el Fuego. De su formación y valentía dependerá el futuro de la humanidad.

Este argumento, que se toma licencias de las culturas asiáticas, no puede ser más claro y esta es su virtud. En estos tiempos donde todas las series tienen miradas que debemos interpretar y antihéroes, es refrescante encontrarse con una obra de trama directa (porque tiene trama, esto es innegable), héroes, humor y ritmo. De hecho, las ganas de divertirse de Aang, que no deja de ser un niño, me recuerdan demasiado los inicios de ‘Bola de dragón’ cuando Son Goku todavía era un renacuajo con cola.

Según dicen, más adelante la animación dejará de ser tan simple para inspirarse en Ghibli pero el universo está bien creado y se permite esas licencias que sólo puede permitirse la animación. Islas con templos imposibles, palacios de hielo y unas peleas muy entretenidas. Y, como tiene la ambición de contar un gran relato, ofrece algo más a la simple diversión. Es la clásica lucha del bien contra el mal y sorprendentemente se toma muchas molestias en retratar las motivaciones del enemigo. Abandonar de vez en cuando el molde de las series adultas para coger aire es sano y el camino hacia ‘The legend of Korra’ está siendo una buena vía de escape.