viernes, 18 de abril de 2014

Los que llegaron detrás de 'Betas'

Se supone que HBO debe ser un canal transgresor, que ofrezca contenidos que no podamos encontrar en otras plataformas. Ese era su origen y, mientras que hoy en día hay otras cadenas con el mismo propósito (Showtime, Netflix, AMC y hasta FX), tiene que serle fiel. No sé, por lo tanto, qué error de cálculo hizo que encargasen la serie ‘Silicon Valley’ para abril de 2014. Más que nada porque en enero ya vimos una serie muy pero que muy parecida llamada ‘Betas’.

No puedo verificar qué proyecto empezó a correr antes. Puede que Amazon, los precursores de ‘Betas’, se subieran al carro a posteriori o no, pero ellos ya habían rodado el episodio piloto hace un año, con lo cual cuesta de creer. Lo que no me extrañaría es que los embriones de ambas series surgieran a la vez, cuando ‘La Red Social’ entusiasmó a la crítica y luego se consolidó cuando Steve Jobs se convirtió en el ídolo de masas que es hoy en día (redefine el concepto de imagen de marca y la imagen demuestra que van por aquí los tiros). El boom de las aplicaciones forma parte de nuestro día a día y encima tiene una ventaja: son un mundo poco conocido para el espectador medio.

Puede que ‘Betas’ pasara muy desapercibida en Estados Unidos y esto ayudará a ‘Silicon Valley’ a pasar como una propuesta muy original, pero yo sí me vi la obra de Amazon y la verdad es que la disfruté bastante. Y se parecen mucho. Los puntos de partida son los mismos: dos tipos con ideas potentes, curtidos en el mundo de las factorías de ideas de Palo Alto, rodeados de un grupo de amigos de aptitudes sociales dudosas y que podrían tener entre manos una idea multimillonaria (la de ‘Betas’ es una carrera de fondo, en ‘Silicon’ tienen directamente un bombazo). Son dos ideas muy similares para estrenarse en un mismo año, por más matices que tenga una y otra.

Pero si hay que analizar el proyecto de HBO por lo que es, sin tener en cuenta que tiene un döppleganger en una plataforma de contenidos como Amazon (que curiosamente tiene una sede en esa región), puede decirse que es una comedia correcta. Está escrita por Mike Judge (‘Beavis and Butthead’) y tiene un sentido del humor más evidente que otras ficciones de HBO. Evidentemente no es ‘2 Broke Girls’ pero es más cómica que las comedias dramáticas ‘Girls’ o ‘Looking’, para poner dos ejemplos actuales.

Lo interesante, como ocurría con ‘Betas’, es la presentación de ese mundo y cómo funcionan estas pequeñas empresas que podrían tener negocios-bombazo entre manos. La cara amable (de momento) de ‘La Red Social’. Pero necesito que pasen más de dos episodios para opinar respecto los personajes porque (de momento) el protagonista parece una parodia sacada de ‘The Big Bang Theory’ y no un hombre de carne y hueso. Está claro que Thomas Middleditch hace exactamente lo que le dicen, pero no sé hasta qué punto es demasiado y funciona mejor cuando parece capaz de articular ideas inteligentes. Se supone que es un genio, con lo cual tampoco es descabellado.

Y (de momento) también hay que esperar para decir quien gana, si ‘Betas’ o ‘Silicon Valley’. Pero la ventaja de la serie de Amazon es que era cero pretenciosa y, a pesar de sus defectos, fue muy fresca. La ventaja de ser la primera, de ser la original. Y ‘Silicon Valley’ debe desmarcarse un poquito, andar por otros lugares comunes de este universo tan poco explorado. Así dejaré de pensar que en cualquier momento pueden chocar por la calle (o en una reunión de inversores) con los chicos de ‘Betas’, que también resultaban más simpáticos.

miércoles, 16 de abril de 2014

La diferencia entre fenómeno y nicho

A AMC le salió redondo cuando dividió la última temporada de ‘Breaking Bad’ en dos. Permitió que la serie compitiera en dos entregas de premios distintas (los Emmy este año deberán decidir si vuelven a premiar unos episodios que en realidad ya vieron antes de la gala de septiembre pero que no competían) y los últimos ocho capítulos, al ser tan poco, se vendieron muy bien como un fenómeno. Hubo expectación y mucho ruido con todos ellos y la que había sido una serie minoritaria hasta entonces se convirtió en masiva: la virtud de algunas series de cable, que en lugar de desgastarse añaden audiencia cada año (le ocurrió a Walter White, ahora le sucede a ‘Juego de Tronos’ y ‘Sons of Anarchy’ también ha sido ascendente durante sus seis temporadas).

Ahora el canal ha intentado repetir el mismo plan con otra serie. Al no tener relevo en el terreno crítico (‘The Walking Dead’ juega en otra liga), ha dividido la séptima temporada de ‘Mad Men’ en dos para asegurarse presencia en las entregas de premios de 2015 y ver si tanto hablar de la condición de “última temporada” permitiría repetir un fenómeno parecido al de ‘Breaking Bad’. Al fin y al cabo, ‘Mad Men’ precedió a ‘Breaking Bad’ en cuanto a repercusión mediática y de prestigio, y no era descabellado que la serie más premiada de la última década se despidiera por todo lo alto. Sin embargo, parece que no será así y no existe nada más insípido que comprobar con qué números volvió el pasado domingo: 2,3 millones, uno menos que el año pasado.

Las audiencias no sirven de indicador de la calidad de una obra, esta es una realidad que asumimos hace tiempo, pero sí que son útiles para contemplar hasta qué punto una serie es relevante. De ‘Mad Men’, por lo tanto, se puede deducir que es un drama muy influyente, de prestigio y que obsesiona a la crítica, ni que sea por todos los premios que consigue. Pero curiosamente jamás ha conseguido calar de verdad en la cultura popular como, por ejemplo, sí consiguió Walter White. Ahora parece que pertenecen a mundos opuestos y que es evidente que la serie de Vince Gilligan podía abarcar un público más amplio, pero no olvidemos que era la hermana ninguneada de Don Draper cuando arrancó. Fue el boca-oreja lo que permitió que llegase donde llegó, algo que cinco Emmys consecutivos y dos mil reportajes estilosos de Jon Hamm, January Jones y Christina Hendricks no consiguieron para ‘Mad Men’.

Esto no significa que cuando termine ‘Mad Men’ vaya a pertenecer a un eslabón y Walter White vaya a estar por encima señalándole con el dedo y riéndose. Pero es otra muestra que crítica y público no siempre se ponen de acuerdo, que a veces van por lados distintos y otras al unísono. En comparación, ‘The Good Wife’ consigue casi diez millones de espectadores todas las semanas y nadie habla de ello porque está en un canal con más audiencia, y ‘The Wire’ no existió hasta que desapareció de la programación. Cada una sigue su ritmo, sí, pero ninguna ha tenido más posibilidades que ‘Mad Men’ para convertirse en un fenómeno más allá de las influencias en las modas y demás series (‘Pan Am’ no hubiera existido, por ejemplo). Pero no, no caló entre el gran público como sí lo hizo su precursora en los premios y crítica, ‘Los Soprano’.

Y, termine como termine la historia de Don Draper, cuesta creer que tendrá tanta relevancia como el polémico minuto de Tony Soprano en el restaurante con su familia. Mientras que en ningún momento se ha considerado que ‘Mad Men’ haya perdido calidad, sí que da la impresión de estar de capa-caída, como si hubiera perdido el factor interesante cuando fue derrotada en los Emmy. Y es más, y tanto que lo es. Pero no es el fenómeno rompe-barreras que sí han sido otras series de televisión, ya sean mejores o peores. Se ha quedado en una obra muy de nicho.

lunes, 14 de abril de 2014

Los personajes satélite de 'Revenge'

Introducir personajes a medida que avanza una trama es uno de los mayores obstáculos que viven las series de televisión. El otro día lo comentaba con ‘Anatomía de Grey’, que lleva diez años en antena y debe regenerar poco a poco su reparto, ni que sea para explorar nuevos conflictos y dinámicas, que las combinaciones de cama son limitadas. Pero Shonda Rhimes, que ahora domina los momentos de impacto en ‘Scandal’, las pasa canutas cuando toca escribir un nuevo personaje. ¿La paradoja? Que cuando uno comienza a funcionar y muestra potencial, los emancipe (me refiero a Brooke y a los que no estarán en la próxima temporada).

‘Revenge’ es otra serie que tampoco domina el tema de meter nuevos habitantes en los Hamptons. ¿Alguien se acuerda del fiasco que fue la llegada de la madre de Amanda? Se anunció a bombo y platillo que la interpretaría Jennifer Jason Leigh, una actriz de carácter de los noventa, y Mike Kelley no supo qué hacer con ella. Literalmente se paseó con cara de loca por la mitad de la segunda temporada y no tuvo ningún momento destacable. Ni tan siquiera tuvo buenos cara a cara con Madeleine Stowe, para los que supuestamente había nacido.

Por esto es normal que haya quienes se echen a temblar cuando ven la llegada de un nuevo amigo de Nolan. Su anterior personaje satélite, esa novia que le impidió ser el Nolan gay que tanto nos gusta, era un pegote en toda regla. Y cuesta imaginar que este vaya a tener mejor recorrido. Reconozcámoslo: si Jack a estas alturas no es un personaje interesante, difícilmente encajarán un nuevo actor en el reparto sobre todo cuando su funcionalidad es tan evidente desde un principio. El romance con Charlotte es tan improbable como el de la pequeña Greyson con Declan. Por favor, Charlotte podía aspirar a algo mejor (Victoria no iba desencaminada).

Pero sí tengo la impresión que esta tercera temporada de ‘Revenge’ está haciendo mejor las cosas, incluyendo Jack. Desde que no tiene a su hermano, conoce los secretos de Amanda y no nos lo venden como el galán definitivo, resulta más creíble. No estorba tanto en la historia y sus tramas, por fin, están directamente relacionadas con todo lo demás (mejor olvidemos su asociación con esos otros hermanos basura). Hasta Aiden está un poquito más integrado, otro que nunca ha terminado de funcionar del todo pero que han adherido al eje principal con esa implicación familiar en la conspiración.

¿Pero nos pondremos de acuerdo con Margot, esa francesa que desde un principio ha olido a personaje satélite y está en un tercio de los planos de cada episodio? En el fondo resultó refrescante que se incorporara a la sociedad local sin tener una agenda, como suele ocurrir en esta serie, y hemos tenido tiempo de conocerla antes de pasarla al lado oscuro. Su padre, además, se acuesta con Victoria y cualquier cosa que le dé cancha a esta mujer funciona (por más que a Olivier Martinez los años le pesen más que al resto de los humanos). Ahora no se podrá argumentar que si es una mala bruja es por la falta de sexo.

Todos estos personajes son defectuosos. No es que no tenga una pizca de espíritu crítico cuando toca hablar de ‘Revenge’. No encajan del todo y siempre es mejor una escena con Amanda en plan vengativa que cualquier tontería de Jack y Margot. Pero con esta entrada vengo a decir que, aunque sean defectos, podrían ser peores. En la segunda temporada todos los satélites eran insoportables y ahora son tolerables (la primera mujer Greyson, por ejemplo, no ha estorbado en absoluto y ha reforzado la endogamia familiar de la zona). Y que los defectos sean menores permiten que esta tercera temporada sea un paso hacia adelante. ‘Revenge’ nunca será una serie diez, pero sí puede ser una serie altamente entretenida, consciente de si misma y divertidísima por momentos.

P.D.Podcast: ‘Hannibal’, ‘Juego de Tronos’, las nuevas series de estreno de HBO y AMC y hasta de ‘Cosmos’. El programa de esta semana de ‘Yo disparé a J.R.’ es completito y aquí tenéis la guía para seguirnos y saltar alguna sección que no llevéis al día y contenga spoilers:
- 00’: Introducción.
- 02’: ‘Cosmos’, un documental anti-creacionista.
- 14’: ‘Silicon Valley’, la nueva comedia de HBO.
- 31’: AMC busca el relevo en ‘Turn’, un drama histórico.
- 47’: ¿Cómo está avanzando ‘Hannibal’? Spoilers hasta el 2.07.
- 74’: El regreso de ‘Juego de Tronos’. Análisis del 4.01.

viernes, 11 de abril de 2014

La brigada una temporada después

Las eternas promesas hay un día que deben pasar cuentas y demostrar hasta qué punto las expectativas estaban justificadas. ‘Brooklyn Nine-Nine’ probablemente era la que más tenía que demostrar por la obsesión de la crítica con ella cuando se estrenó en otoño y el Globo de Oro a la mejor comedia que ganó en invierno. Ese premio llegó pronto, cuando cualquier espectador todavía era consciente que se trataba de un trabajo en obras, y tocaba confirmar o desmentir que fuera una comedia con tanto potencial.

‘Brooklyn Nine-Nine’, ahora que ya ha terminado temporada, se puede decir que ha sido un jugador en constante ascenso. Dan Goor y Michael Schur comenzaron con la reimaginación de ‘Parks and Recreation’ como punto de partida (esa segunda temporada donde cambiaron lo patético de los personajes por lo entrañable) y a partir de allí construyeron la comedia. Una idea un tanto repetitiva para aquellos que ya veíamos a Leslie Knope haciendo de las suyas en Pawnee, sobre todo porque era una copia con los engranajes peor engrasados, pero no era un mal modelo.

Se abandonó la confrontación entre el detective Jake Peralta y el capitán Ray Holt como centro absoluto de la serie, dos éticas laborales opuestas, y se forjó una dinámica coral bastante simpática. Los resultados, cómo no, han sido bastante dispares porque no siempre todos los personajes encajan a la primera. Peralta y Boyle han funcionado a la perfección (este último debe ser el personaje revelación de la serie y Joe Lo Truglio hace un fantástico trabajo), Gina tiene un papel loco que la serie agradece en pequeñas dosis (es la Donna de la serie, vamos) y la muy antipática detective Diaz resulta bastante divertida, si bien su retrato es bastante simple y no siempre es creíble cuando quieren sacar a relucir su corazoncito.

Lo que no tengo tan claro, en cambio, es que sepan qué hacer con Andre Braugher. Con él repiten la misma broma una y otra vez. Y con Amy Santiago y Terry más de lo mismo. Ella se beneficiaría de no tener la carga romántica encima y explorar únicamente su lado cómico, y el problema de Terry es que el actor Terry Crews resulta muy forzado en cualquiera de sus escenas. Pone cara de preocupación y se supone que cualquier inseguridad tendrá gracia porque está muy mazado. No pasaría nada si fueran más allá.

Con todo esto, también es verdad que han sabido sacar provecho a las situaciones. En la comisaría pasan mil payasadas pero la dinámica de grupo funciona. Consiguen vender la idea que son una unidad de éxito a pesar de todas las peculiaridades de cada uno, empezando con Peralta, que siempre despertará dudas acerca de la sobreactuación de Andy Samberg (¿demasiado o en la justa medida? Yo diría lo primero).

Pero incluso habiéndose forjado una identidad aparte de ‘Parks and Recreation’, las similitudes siguen siendo muchas (sólo hace falta ver a Hitchcock y Scully, que son un desdoblamiento de Gerry) y en comparación de momento palidece. La segunda temporada que el canal FOX encargó, no obstante, se agradece y aquí estaré para comprobar si sigue mejorando o si se queda en una comedia correcta (que es suficiente) pero tampoco sobresaliente.

miércoles, 9 de abril de 2014

El ruido y la calma

En televisión faltaba un fenómeno desde que ‘Breaking Bad’ se fue. Los medios adoran una serie que desate pasiones, sobre la que hablar con grandilocuencia y escribir cuatro páginas sin que nadie piensa que te pasas tres pueblos. ¿Y quién ha ocupado el puesto de Walter White? Pues los mismos que estaban antes: la Khalessi, los Stark y los Lannister.

‘Juego de Tronos’ es como la chica popular del instituto que, fueras raro, deportista o macarra, sabías quien era y te gustaba. No hay límites a la hora de cubrir la información. Leo por allí, por ejemplo, que el estreno de la cuarta temporada bloqueó el servicio bajo demanda de HBO de tanto éxito que tiene. ¿Noticia? No, lo había hecho ‘True Detective’ hace apenas unas semanas. Pero es ‘Game of Thrones’, tiene rollo, vayamos a por ello. Es esa serie que trasciende el visionado casual (el de las personas que ven series porque las echan en la tele y les gustan) y también el dedicado (el de los viciados, el que procura estar a la última).

Tiene mérito que el arranque de temporada haya batido récords en HBO: 6.6 millones de espectadores en su primer pase en Estados Unidos (3.6 en los demográficos) en un canal con una base de abonados limitada, una cifra que encima crecerá muchísimo cuando se contabilicen los siguientes pases y la demanda de contenidos. Normal, entonces, que ya hayan encargado una quinta y sexta temporadas, que era algo que podíamos suponer (a estas alturas HBO perdería todo su prestigio si no termina en condiciones la saga de G.R.R. Martin).

Tanta noticia, tanto bombo y platillo y tanta expectación chocan con otra realidad, que ‘Juego de Tronos’ ha regresado bastante calmada, como era de suponer. Hay mil comentarios acerca del fenómeno pero, de momento, el primer episodio no ha brindado mil discusiones. Es gracioso, por ejemplo, leer algunos escépticos que indican que todos fingiremos durante media temporada que la serie es interesante y sólo vibraremos en la recta final, sobre todo en el noveno episodio que siempre se reserva algún hecho impactante. Pero la realidad tampoco es tan clara. Puede que las dos primeras temporadas tuvieran unos episodios iniciales faltados de ritmo, pero la tercera fue igualmente calmada pero tenía una intensidad loable. Por aquí parece que irán los tiros.

‘Juego de Tronos’ es como los libros. Hay multitud de personajes y todos se mueven hacia un objetivo concreto. Es, como ocurría en ‘El señor de los anillos’, una historia sobre personas que caminan mucho (menos algunos Lannister que están bien asentados en Desembarco del Rey). En este aspecto, el primer episodio de la cuarta temporada nos mete en situación y nos recuerda en qué punto están los personajes desde que les dejamos, algo que tampoco viene mal si tenemos en cuenta los frentes que hay y cuanto tiempo pasó desde la anterior entrega.

Se podría destacar la primera escena (¡lobo al fuego!), el CGI de los dragones de Daenerys o el sufrimiento de Sansa, que no descansa en sus lloros (completamente justificados), pero lo más jugoso del episodio es la escena final de Arya. Que diríamos de forma un tanto retorcida, por fin la pequeña Stark se hace mujer y esta pérdida de la inocencia pronostica momentos interesantes, ahora que ella y el Perro son compañeros de batalla de igual a igual (bueno, él podría aplastarla cuando quisiera).

¿Que igualmente esperamos el episodio número nueve? Por supuesto. Pero nunca hay que despreciar la importancia del camino en una ficción como esta. Los personajes han crecido mucho desde que les conocimos y David Benioff y D.B. Weiss han aprendido a dar entidad a todas las escenas, lo que permite que sea muy estimulante ver lentamente hacia donde avanzan todas las tramas.

lunes, 7 de abril de 2014

El amigo del séquito

Desde hace unas semanas se está rodando la película de ‘Entourage’. No comprendo muy bien la logística detrás de la existencia de esa película porque los canta-mañanas de Hollywood no son las chicas de ‘Sexo en Nueva York’. Conceptualmente eran series parecidas pero comercialmente no pueden compararse. Ellas funcionaron de maravilla en el mercado doméstico y fueron un fenómeno mientras que ‘Entourage’ fue una comedia que rindió bien en HBO. ¿Hasta qué punto tiene un público que espera verla en cines? La experiencia de ‘Veronica Mars’, si demuestra algo, es que literalmente había una limitada expectación (y que un bajo presupuesto fue acertado).

Sea como sea, la película es una buena noticia. ‘Entourage’ era una comedia sincera, simpática y buena que era perfecta para mitómanos como este servidor. Pero también funcionó muy bien como obra romántica, sobre todo con esa relación entre Eric y Sloan, que dio una de mis escenas favoritas de la televisión, que me dio a conocer el temazo de ‘Lisztomania’ de Phoenix. Eric, además, fue mi puerta de entrada a ese mundo.

Kevin Connolly y su personaje eran los protagonistas de la serie, por más que los carteles promocionales engañaran con tanta fotografía en primer plano de Adrian Grenier, ni que sea porque interpretaba a Vincent Chase, el actor que tenía el séquito. Y fue una suerte porque todos los demás eran tan caraduras que difícilmente la habría aguantado mucho tiempo. Les pude coger aprecio a Turtle y Johnny Drama con el tiempo, pero me agarré al único personaje medianamente positivo como a un clavo ardiendo.

Connolly, curiosamente, encajaba muy bien con su personaje. Podría decirse que llegó a Hollywood de la mano de Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire y, si bien no tuvo tanto éxito como ellos, también se hizo un huequecito en la industria. Conoce, por lo tanto, lo que significa formar parte de un séquito: dudo que nadie le pida autógrafos a él cuando va con Leo o Tobey a los partidos de la NBA, pero se ha comprobado que no tiene problemas para ligar en Los Angeles. No es el romántico Eric de ‘Entourage’, según parece, no.

Ahora ha vuelto a la televisión y, mientras rueda ‘Entourage’ (donde se lesionó, por cierto), sale en televisión en la serie ‘Friends with better lives’. Interpreta a un hombre casado y con un hijo (él tiene novia pero no hay compromiso). Es el enésimo relato de un grupo de amigos en la treintena y él paradójicamente interpreta el más estable de todos. También sale James Van der Beek, Majandra Delfino y Lilly de ‘Whitney’, con lo cual tendré que darle una oportunidad, dos y tres. Pero, de momento, no apunta muchas maneras con sus bromas sexuales sin mucha originalidad y unos personajes que no rezuman autenticidad en su primer episodio.

Y, como era de esperar, Connolly demuestra que es un actor muy limitado. Lo era en ‘Entourage’ y lo es en esta sitcom. Pero junto a Jeremy Piven y compañía también tenía mucho encanto. Vendía muy bien el rollo de chico normalito y mono, y el personaje funcionaba a la perfección. Ahora será cuestión de ver si también se adueña de este nuevo papel en un producto de segunda. Yo estaré esperándolo, ni que sea porque todavía falta para el estreno de la película de ‘Entourage’ y verle me ha hecho entrar la vena nostálgica.

P.D.Podcast: Tocaba hablar de “lo de ‘The Good Wife’” en el podcast de ‘Yo disparé a J.R.’, pero hay más ingredientes en el programa de esta semana. Aquí tenéis el menú:
- 0’: Presentación.
- 2’: El piloto de ‘Friends with better lives’.
- 12’: La evolución de ‘Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.’.
- 33’: El final de temporada de ‘Girls’.
- 55’: El final de ‘How I Met Your Mother. ¿A favor o en contra?
- 77’: Lo de ‘The Good Wife’. Spoilers hasta el 5.16.

jueves, 3 de abril de 2014

La serie que deberías estar viendo

‘Borgen’ probablemente es la mejor serie que no estás viendo. En Dinamarca ya terminó: tres temporadas y se despidió por todo lo alto. Pero la ventaja de las series nórdicas es que no corren las mismas prisas que con la televisión americana o británica. Son atemporales, no hay la necesidad de verla en un determinado momento para poder leer los dos mil artículos al respecto y no tragarte los detalles que preferías descubrir por ti mismo (y sé que algunos de vosotros me diréis que ya la habéis terminado, unos pocos).

‘Borgen’ es tan buena, de hecho, que ni tan siquiera me importa llevarla con retraso. Vi la primera temporada hace más de un año, ahora me he puesto con la segunda y nada me gusta más que la idea de saber que tengo unos cuantos episodios para degustar. Duran una hora y suelen ser perfectos. Siguen a la Primera Ministra danesa, Birgitte Nyborg, y lo complicado que resulta conciliar los asuntos de Estado con una vida privada. Más que nada, el sacrificio que supone renunciar a tener una vida por el bien de unos ideales y lo traicioneros que pueden ser los aliados políticos cuando toca quedar bien delante de los medios.

En esta segunda temporada sobre todo hace hincapié en este conflictos. Ya no es una política ingenua, conoce el precio del poder y no finge que puede permitirse caprichos personales. Y la calidad de este retrato, que comprende a la mujer como un sujeto con muchos ángulos (ambición, profesionalidad, feminidad, maternidad), permite que sea el mejor retrato de una protagonista en televisión después de Alicia Florrick de ‘The Good Wife’. Sidse Babett Knudsen está fantástica y tampoco la desmerecen el resto de tramas.

Los fantasmas personales de su asesor y estratega Kasper Juul (que hasta recuerda a Don Draper con sus secretos, su relación con las mujeres pero le diferencia que es más joven, soltero y acepta ser comandado por la política) y las tramas periodísticas de Katrine Fonsmark funcionan igual de bien. Son casi co-protagonistas, contribuyen al universo mediático, político y personal, y permiten que a los episodios de una hora no les sobre ni un minuto.

La única lástima de ‘Borgen’ es que cueste tanto recomendarla. Es extraordinaria a la hora de mezclar inteligencia e accesibilidad pero es danesa. La política nórdica, los subtítulos, la falta de nombres conocidos y su no emisión por estos lares no ayudan a que sea fácil consumirla. Y la idea de un remake en España es descabellada. Perdería toda la riqueza de la variada política danesa, donde los gobiernos de coalición son una realidad, a diferencia del Parlamento español donde salen gobiernos de un solo color (el popular o socialista).

Pero donde sí funcionaría es en la televisión catalana. Hay tantas fuerzas políticas con peso en el Parlament de Catalunya y son tantos los contactos que tendría sentido ambientarlo en el parque de la Ciutadella y la Plaça de Sant Jaume. Con este clima que se vive hoy en día, además, podría salir algo muy complejo e interesante. ¿Y la idea de un Govern post-independencia? Eso ya sería una locura a nivel dramático. ¿Entrada en la UE o no? ¿Aranceles o no? Y no perdamos de vista el matrimonio, que el bien del país es una cosa y el del cónyuge no es menos importante. Lo veo, lo veo. Y vosotros ved la serie danesa, queráis ver un remake a la catalana o no.

miércoles, 2 de abril de 2014

La historia equivocada

No se puede ser la madre de todos. Esta es una verdad que debían aceptar los creadores de ‘Cómo conocí a vuestra madre’, Craig Thomas y Carter Bays, hace ya un tiempo. No existía ningún mundo alternativo donde todos los espectadores fueran a estar contentos con la respuesta a la pregunta, sobre todo por lo minucioso de la especulación. Es lo que tiene sembrar pistas que en realidad no dicen nada (¿un paraguas amarillo? ¡viva la mitología gratuita!) y forjar una amante constante como Robin, con quien las comparaciones iban a ser inevitables.

Escribir sobre el final de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ sin spoilers es una empresa imposible. Estáis avisados.

Así primero surgieron las dudas acerca de la identidad de la madre. ¿Ya la conocíamos y había vuelta de tuerca? No. Era una chica que no había aparecido nunca y que despertó las primeras discusiones acerca de si era la actriz adecuada (yo diría que Cristin Milioti ha cumplido), si tendrían que haber rizado el rizo (¿Katie Holmes? ¿hijos adoptados?) o si la serie debería haber terminado sin revelarse (o con ese plan de Milioti comprando un billete de tren, que era una de las ideas iniciales de los guionistas).

Pero después, al llegar la madre, estaba claro que tocaría analizar teorías más locas. No podía ser que el relato fuera a ser predecible porque a Bays y Thomas les gusta jugar con las expectativas tanto como a Damon Lindelof. Por esto, cuando Ted tuvo esa lacrimógena cena con la madre, saltaron todas las alarmas: ¿podía ser que Tracy muriera al cabo de unos años de matrimonio? Y, lo que despertaba más especulaciones, ¿en esa vida de Ted post-Tracy podía tener algún papel Robin Scherbatsky, a quien volvimos una y otra vez durante toda la serie?

Al final las respuestas han sido sí y sí. Muchos acertaron porque había las pistas necesarias para llegar a esta conclusión. No podían arriesgarse a inventarse un desenlace sin fundamentos, opción inteligente. Pero aún así ha habido muchos detractores y entiendo sus razonamientos. De hecho, los comparto, y no porque el último episodio no me haya gustado.

La series finale de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ es muy bonita (con la excepción de la trama redentora de Barney que da asco), satisface la curiosidad y tiene una última escena digna para enmarcar. La ilusión de Cobie Smulders hasta permite que no nos fijemos en la falta de talento de Josh Radnor como actor y podré recordar la imagen con cariño. Después de un tramo final tan lamentable, es un alivio que pudieran escribir un episodio nostálgico y digno (ese plano de qué ocurrió con los personajes del pasado de hace un par de episodios fue bochornoso y cero efectivo). Pero esto no quita que, en esencia, sea un final decepcionante.

El problema de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ fue el manejo de las expectativas. Dejaron entrever que Robin tendría un papel fundamental en la vida de Ted Mosby pero lo hicieron repitiendo una y otra vez un conflicto que estaba agotado. ¿Podía ser realista que Ted se agarrase a la idea romántica de ella como a un clavo ardiendo? Sí, pero no hizo buena televisión, sobre todo en las dos últimas temporadas. Pero lo menos inteligente fue centrar toda la última temporada en esa boda, donde resolverían el conflicto de la idoneidad de Robin y Barney (para divorciarlos a los cinco minutos) y la de Ted y Tracy (para matarla a los diez minutos).

Esto, que parece un detalle, básicamente demuestra que no fue una historia bien contada. Puede que los últimos cuarenta minutos sean bastante dignos pero también dejan con la sensación de querer dar la vuelta deprisa y corriendo a una situación desarrollada durante toda la temporada. ¿Pudiendo explorar los conflictos del final largo y tendido porqué nos entretuvieron con una boda cero relevante en la vida de todos? ¿Y por qué se empecinaron en agotar la idea de Ted y Robin para demostrar que finalmente era la mujer de su vida?

La última escena, como he dicho, me pareció maravillosa. Pero no porque sea la guinda del pastel, sino porque la idea es romántica, preciosa y eterna, y probablemente debería haber funcionado también como una consecuencia lógica de la última temporada. Y no, no lo es. Pero como 'How I Met Your Mother' nunca ha sido mi comedia favorita, tampoco voy a ponerme en plan "cojo un bidón de gasolina, cerillas y un billete a Hollywood". Hay vida más allá de Ted Mosby y de su falta de carisma.

lunes, 31 de marzo de 2014

Los que se pasan de la raya en Philadelphia

Cuando me toca ver televisión, hay una pirámide de prioridades y, por mala suerte, algunas series siempre están debajo de todo y me cuesta mucho llegar a ellas. A veces es una cuestión de temática (no me interesa, por lo tanto la ignoro) y otras de repercusión mediática (si nadie se fija en ellas, no hay prisa). Pero ante mis problemas por encontrar nuevas comedias que valgan la pena (‘About a Boy’ no es la respuesta que estaba esperando), opté por comenzar ‘It’s Always Sunny in Philadelphia’, que lleva casi diez años en antena y que tiene poquísima repercusión.

La serie, como imaginaba, gira en torno a un grupo de amigos bastante despreciables. Es un género que no me entusiasma, más que nada porque la antipatía suele despertarme antipatía (no, no soy de esos que disfrutaban con Steve Carell en ‘The Office’ y sería incapaz de encontrar a ese tipo entrañable). Pero me he llevado una sorpresa al ver el nivel de cinismo que alcanza ‘It’s Always Sunny’. Al ver su sentido del humor, que se pasa cuatro pueblos en cada episodio, me sentí como en familia. No es que viva rodeado de perdedores como los protagonistas pero lo políticamente incorrecto nos atrae demasiado como para no soltar bestialidades de vez en cuando.

‘It’s Always Sunny’, que por aquí se estrenó como ‘Colgados en Philadelphia’, sigue a cuatro amigos que llevan un pub irlandés y el padre de uno de ellos (un Danny DeVito que metieron en la segunda temporada para darle notoriedad). Y Mac, Dennis, Sweet Dee y Charlie tienen un talento innato por convertir cualquier situación honesta o intento de buena acción en un esperpento de despropósitos. Ellos son escoria humana y, por más que procuren superar moralmente a sus prójimos, siempre acaban retratándose como los seres despreciables que son. Bueno, tampoco es que sean el Anticristo pero tienen la horrible costumbre de servir de malas influencias del otro, aunque la intención inicial fuera decente.

La primera temporada, por ejemplo, es un festival de inmoralidad y da la impresión que Rob McElhenney (que también es uno de los protagonistas) quería superarse en todos y cada uno de los episodios. Sólo hace falta ver los títulos de los episodios: ‘The Gang Gets Racist’, ‘Charlie Wants an Abortion’ (donde fingen ser anti-abortistas para ligar con cristianas fundamentalistas) o ‘Charlie Has Cancer’ (descubren que el cáncer es una buena técnica para ligar). Por no hablar que también bromean con tramas acerca de abusos infantiles, parafernalia nazi o la venta de armas. Todo lo intocable, todo lo que sea de mal gusto, hay que manosearlo.

En este aspecto resulta muy refrescante. Es una comedia muy barata (dicen que su piloto costó 85 dólares porque los protagonistas eran amigos y grabaron con una cámara cualquiera) y se permite ciertas libertades que generalmente sólo se conceden a ficciones animadas como ‘Padre de Familia’. Los diálogos tienen chispa, los personajes están muy bien perfilados y explotan las tramas con mucha originalidad. Nadie imagina, por ejemplo, que ir a visitar un abuelo moribundo servirá para descubrir que ese vejestorio es un nazi. Y su obsesión por superarse tampoco les ciega: les gusta pasarse de la raya pero, cuando lo hacen, es porque tienen un guión que apoya esas bromas (una lección que los Griffin podrían aprender).

sábado, 29 de marzo de 2014

De maravillosa a correcta

‘Girls’ tiene el deber de ser transgresora. Es como ‘Louie’, de la que no esperas que te repita trama o recurso cómico, aparte de esos monólogos en la bodega del humor con los que empieza y cierra el episodio. Lena Dunham tiene el listón muy alto y no hay que culpar a nadie aparte de ella, que ofreció una comedia muy fresca y hasta cierto punto generacional. Digo hasta cierto punto porque habla de un perfil de persona en concreto y la gente se ofende e invalida la serie si ellos no son quienes están en el punto de mira.

Por esta razón, porque se esperan muchas cosas de ella y de la serie, la tercera temporada ha sido decepcionante. No hablo de saltar tiburones, ni de perder la gracia natural de los diálogos de Lena. Es más una cuestión de que los personajes han andado bastante perdidos y las formas tampoco han ayudado. No ha habido paréntesis inspirados como esa aventura sexual-romántico-onírica llamada ‘One Man’s Trash’ con Patrick Wilson, tampoco instantes radiantes como la cocainómana salida de fiesta (la idea de salir de copas y a quemarlo todo es una idea muy compleja de transmitir y todos bailamos con Lena y el ‘I Love It’ de Icona Pop) o incluso ese rap de Marnie en la fiesta de Charlie. La segunda temporada tuvo un final muy discutido por ese trastorno obsesivo compulsivo de la protagonista, pero el recorrido había tenido momentos muy brillantes.

En este tercer año, en cambio, hemos recogido un episodio regular tras otro. Un primero sobresaliente (se notó que estaba escrito, dirigido y protagonizado por Lena) y luego los personajes se fueron perdiendo. Hannah Horvath, nuestra peculiar heroína de la auto-destrucción, justamente estuvo muy bien ubicada durante todo su viaje: prioridades sentimentales claras, intento de vida normal y explosión final bastante predecible. Verla boicotearse oportunidades fantásticas por su sueño tiene algo de cansino pero su último plano (esa mirada) también le da algo de luz. ¿Elegirá por primera vez lo que le conviene y no una utopía romántica que jamás se cumple o que necesita un respiro? Esperémoslo.

Pero el problema no ha sido ella y tampoco Marnie (Allison Williams tiene sus limitaciones pero también una gracia natural que debería proporcionarle una nominación al Emmy), sino más bien Shosh y Jessa. La primera, la repelente estudiante, ha llegado a un punto de antipatía que me pregunto si es un error de cálculo (sólo vale la pena esa reprimenda-vómito en la casa de verano, también porque se evidencia las malas influencias que tiene a su alrededor). Y Jessa... pues se droga. ¿Qué quiere contar Lena con ella? ¿Una versión todavía más pasada de rosca que ella para que Hannah parezca una chica normal en comparación? ¿O es una especie de broma personal, ya que la actriz Jemima Kirke es su mejor amiga?

Y si unimos estos retratos perdidos con una traca de episodios bastante noramlita, resulta decepcionante. El primer episodio era fantástico, el de la casa de verano también, ¿pero dónde hay los demás highlights a los que nos tenía acostumbrados? Por no hablar del hilo conductor de la temporada, la muerte, que han abordado en numerosos momentos (el editor, la abuela, la artista del último episodio), que ha sido hasta forzado. El episodio de la familia de Hannah quería ser un punto y aparte interesante y fue fallido, y la última aventura de Jessa es precipitada y no se puede extraer ninguna lectura.

¿Quería contarnos algo o solamente quería fingir que había una especie de discurso en esta temporada? Sea como sea, ni una cosa ni la otra es precisamente buena. ‘Girls’ ha sido interesante pero no maravillosa. Ay, Lena, qué mal acostumbrados nos tenías.