viernes, 6 de enero de 2012

El público y el espejo

La calidad de las series de televisión como obras de arte se palpa muy fácilmente cuando se compara estos relatos audiovisuales con la literatura. A pesar de la cantidad de factores, personas y dinero involucrados, su resultado final se le parece, seguramente mucho más que el cine. Sin embargo, estamos menos acostumbrados a que las series de televisión ejerzan de denuncia visceral y a que busquen un impacto reflexivo, que tengan una concepción más parecida a la de los concursantes de Work of Art.


Se podría decir que la nueva serie británica Black Mirror es lo que busca. Su planteamiento es muy claro: una cortísima temporada de tres episodios donde en cada uno se denuncia algún aspecto de la sociedad de masas y la nueva interactividad de nuestras relaciones a partir de sátiras dramáticas. En el primero su creador, el periodista Charlie Brooker, analiza la maleable opinión pública; en el segundo, los talent shows y la fama como finalidad; y en el tercero, el papel de la tecnología en las relaciones (algo que también se medita en el segundo).


Como ocurre con casi todas las obras que hoy en día nos llegan del Reino Unido, su nivel de producción es una pasada y deja poco margen para el relleno typical spanish. Pero su mayor acierto fue enfocar de una forma tan directa los conflictos que querían analizar/parodiar/exponer y que supieron cómo impactar al corral con un episodio inaugural tan calculado como el primero, que trataba el siguiente (y asqueroso) dilema: ¿debe el primer ministro ceder a las exigencias de unos secuestradores y sólo follarse a un cerdo delante del mundo entero para que estos liberen a la princesa más querida del país?


Lo que me inquieta, no obstante, es que su primer discurso (muy in your face) sabía que el público era muy impresionable y se aprovechó de su propia crítica para alimentar sus arcas. También me inquieta que el público aplaudió el segundo episodio, una parodia bastante gratuita a X Factor (diría que el rencor de Brooker hacia el programa tuvo bastante que ver porque su mujer trabajaba allí y fue despedida), sin darse cuenta que formábamos parte de ella. También me molesta que el público sea tan impresionable y me molesta que, después de jalear una denuncia a una revolución tecnológica y social que protagoniza y fomenta, metafóricamente apagó la tele como los chicos de El Show de Truman cuando Truman se despidió en la puerta.


Y sobre todo me molesta que este programa esté producido por Zeppotron, una productora del grupo Endemol que ya le produjo Dead Set a Brooker. Y que, por lo tanto, los encargados de criticar la sociedad de masas y el concepto de fama instantánea sean los mismos que la fomentan año tras año en España o el Reino Unido con Big Brother, programas donde la gente va a rascársela durante meses (fijaos que no incluyo la versión americana, algo distinta).


No sé qué opinaría de Black Mirror si no supiera que Endemol está detrás, pero siento decir que le quita méritos desde mi punto de vista. Incluso me irrita. Al igual que me indigna que a veces todos seamos tan borregos y que aplaudamos tan rápidamente una crítica por el hecho de ser crítica sin analizarla a fondo, por el simple hecho de creerla subversiva (cuando en el fondo es tan industrial). Y por esto cojo con pinzas Black Mirror mientras la recomiendo. Vale la pena verla. Otra cosa es si realmente vale la pena.

4 comentarios:

OsKar108 dijo...

Yo la he visto 2 veces, porque en la 1ª me quedé demasiado con la tensión del gran 1er capítulo y los otros 2 me parecieron algo más flojos por ello; pero una vez que los volví a ver encontré que no me había dado cuenta que los 2 siguientes tiene muchos aciertos también, y no hablo solamente de lo que se critica, pero que por otro lado tanto se fomenta en el día a día por las propias cadenas de tv y demás.

¡Saludos!

torpe dama dijo...

Yo dejé la serie después del segundo episodio por varios motivos y uno de ellos fue precisamente el que tú comentas: me parece bastante hipócrita hacer una crítica (por otro lado, bastante burda) de la televisión basura, la búsqueda de la fama fácil, la poca conciencia crítica de la masa televidente, etc. y que dicha crítica venga financiada por Endemol. Cuando lo vi, pensé "no me lo puedo creer, se acabó, vaya tomadura de pelo". Lo que han hecho con esta serie (a falta de ver el último episodio, pero me imagino que irá del mismo palo) es exactamente lo mismo que hace el protagonista del segundo episodio al final del mismo.

Maitetxu dijo...

Me propuse ver la serie porque me atrajo la idea de la crítica a la hiperconexión en la qué vivimos, y al ver que estaba en varias listas de lo mejor de 2011... y que era una miniserie de 3 episodios me propuse verla: Error!
Después de varios parones para ver la serie (cosa que nunca hago cuando veo un capítulo de una serie), no pude continuar con el tercero y lo dejé a medias...
Esperaba algo muy distinto a lo que me encontré y más leyendo los comentarios de la gente que la había visto. Simplemente, no me gustó!

Y encima por lo que dices, resulta que el programa lo produce una productora del grupo Endemol?! Veeenga!

Crítico en Serie dijo...

Oskar, el primero impacta, los otros dos son de cocción un poco más lenta, aunque a mí el 2º me pareció falto de ritmo y con una 'moraleja' bastante sobada.

Torpe Dama, hay quienes defienden que no debe contemplarse como crítica, sino como serie de entretenimiento sin más. Sin embargo, a mí me cuesta.

Maitetxu, el impacto de ciertos argumentos y escenas también hizo obviar a mucha gente algunos defectos de guión bastante considerables.