sábado, 31 de marzo de 2012

El foro de la familia

Hace ya algún tiempo, leí un artículo en un periódico norteamericano que comentaba que el mérito de Modern Family era que tenía un espíritu muy familiar en una era donde todos los programas buscaban nichos muy concretos. Decían de ella que tenía un afán de unión que no todas las series tenían, sobre todo ahora que da la impresión que sólo algunos realities como American Idol pueden unir a varios miembros de una familia en la misma sala, y diría que a Once Upon a Time se le podría aplicar el mismo cuento dentro del terreno del drama.


Puede que al principio uno pudiera esperar que eligieran un tono un poco más adulto, pero con el tiempo se ha ido dirigiendo hacia lo que cabía esperar de un producto de estas características, teniendo ingredientes para cualquier persona que pueda soportar una serie con ambiciones para todos los públicos. Hay un personaje con el que cualquier niño puede identificarse y que justamente tiene la visión más lúcida de cuantos viven en el pueblo desencantado de Storybrooke y unos cuentos con distintas lecturas. Bueno, más que varias capas, juegan con personajes integrados en nuestra cultura y les dan una vuelta de tuerca para que los adultos nos divirtamos con las obvias referencias.


Diría que, de momento, los twists de la Bella y la Bestia y de Caperucita son los más sorprendentes y que habrán despertado más sonrisas en los mayores de edad, aunque también son las historias más agridulces, y cualquier forma de relacionar los distintos personajes de cuento, aportando nuevos matices a todos ellos. Además, su inofensiva estética les permite abordar la mala leche que impregna muchos de estos relatos, hablando de corazones arrancados, huesos de niños y campesinos desmembrados.


La ABC, supongo, debe estar muy contenta con su rendimiento. La estrenaron más tarde para poder promocionarla sin la voracidad del septiembre, evitándole gran parte de los parones que sí sufren otras series del canal, y buscaron atrapar una audiencia que se rindiera a un mundo de cuentos con una perspectiva novedosa. Y curiosamente el público respondió, de la misma forma que podría haberla rechazado frontalmente. Lo que no sé si esperaban es que, con semejante tono, incluso mantuvieran durante tanto tiempo la parroquia mayor que también seguía Perdidos con ganas de encontrar respuestas.


Puede que cada semana se oigan comentarios negativos acerca del camino que han elegido, no tan adulto como algunos desearían, pero ahí siguen esperando el momento en el que Mary Margaret se dé cuenta de quién es o que Regina desate su maldad de bruja en Storybrooke. Y retener un público tan amplio y satisfacerles en mayor o menor medida (pero siempre lo suficiente) no es una tarea fácil. De hecho, ni tan siquiera recuerdo una serie que consiguiera semejante propósito desde que la televisión generalista hizo su paso hacia otro nivel por allá 2004.