sábado, 16 de junio de 2012

La comedia moderna

Las comedias dirigidas al público joven cada vez están más desatadas. Los personajes tienden a la histeria con mucha facilidad, los guionistas juegan bastante con las formas y muy a menudo hacen alarde de un humor muy referencial. Incluso series de corte tan racio de la CBS como The Big Bang Theory y 2 Broke Girls intentan ir por este camino a pesar de estar limitadas por su formato con público en directo. Pero, si nos fijamos en las demás y en las redes sociales, se llevan otras de más modernas.

Así se entiende porqué Community es la comedia que genera más veneración entre este público. Cumple con los requisitos al pie de la letra. Tiene unos protagonistas muy encasillados y bastante límites, y se divierte homenajeando continuamente otras obras de ficción. Con esta excusa, no solamente opta por mencionar películas y series, sino que también adquiere algunos de sus recursos para cambiar la forma de lo que solemos considerar una comedia de veinte minutos para televisión. Los ejemplos más flagrantes siempre serán Modern Warfare y su veneración al género de acción, A Fistful of Paintballs con el western y Pillows and Blankets, que se basaba en el documental The Civil War de Ken Burns (del que también absorbió bastante The Pacific).
La otra que la sigue es Cómo Conocí a Vuestra Madre. Posiblemente no se divierte haciendo alusión a otros programas con tanta facilidad, pero sí que optó por otra clase de referencialidad, a sí misma, creando una mitología y un vocabulario impropios de una sitcom. Puede que Friends tuviera sus cortes de mangas y bromas privadas, pero el afán de Carter Bays y Craig Thomas de tener un arsenal propio es bastante exagerado. Con la excusa de que es un torpe relato que cuenta un padre a sus hijos, cambia constantemente el orden de los hechos, engaña dejando pistas en las escenas y juega con la percepción del espectador. Y con las expectativas de un espectador que constantemente oye referencias a una madre muy esquiva.

Penny, Zooey y la zorra

En esta línea han ido otras series más noveles como Happy Endings y New Girl por distintas razones. La primera por algunas tramas francamente absurdas, referencias pop y unos personajes especialmente histriónicos, encabezados por Penny. La segunda, por ser tan radicalmente moderna, aprovechando el charm de Zooey Deschanel e ignorando el timing cómico más tradicional. Todavía me pregunto si es algo buscado o simplemente es que se trata de una comedia fallida, porque de otra forma no logro entender la gritona interpretación de Jake M. Johnson y que le dejen seguir por ese camino.
Y, un poquito también de vuelta del género, llegó esta primavera Don’t Trust the Bitch in Apartment 23 sobre una chica ingenua que comparte piso en Manhattan con una zorra egoísta llamada Chloe. De esas series que, al igual que 30 Rock, tienen un gag cada treinta segundos aunque bastante más pasada de rosca, probablemente porque su creadora Nahnatchka Khan estuvo influenciada por su trabajo anterior, sus seis años en American Dad. Puede que sus juegos metatelevisivos protagonizados por James Van der Beek justamente no sean su fuerte, pero el trabajo que hacen con Chloe, la zorra del título, permiten que sea una serie altamente recomendable. Sobre todo porque Krysten Ritter está en estado de gracia, ya sea quitándose las bragas o sonriendo a su compañera de piso mientras se masturba en la bañera. Lo da todo.
La paradoja

Por todas estas series, es comprensible que Modern Family pueda ganar el Emmy a la mejor comedia por tercer año consecutivo. No intenta innovar, engloba un público muy amplio y encima tiene unos guiones sin mácula. Y, entre tanto histerismo y ganas de innovar y pasar de las viejas fórmulas y recursos, lo más clásico (que no rancio) acaba siendo el soplo de aire fresco de la programación, paradójicamente. Puede que Community sea más estimulante cuando tiene un buen episodio, que se hable más del Robingate y que Apartment 23 tenga alguno de los gags más divertidos del año, pero de momento no hay ninguna comedia joven y/o moderna con semejante halo de perfección. Por lo menos desde que a Tina Fey le empezaron a fallar dos chistes de cada tres.