miércoles, 18 de julio de 2012

El doble rasero de Weiner

Cada vez que se habla de que Mad Men no revalidará su título a Mejor Drama en los Emmy, los críticos expresan su amor por todos los medios. Ganó en su tercera temporada, que no podía ser peor (los votantes debieron ver únicamente la discusión de Betty y Don y el asesinato de JFK), y premiaron la cuarta por ser redonda, así que no sería de extrañar que le tocara otra vez el reconocimiento, sobre todo porque ha sido una temporada casi redonda, de no ser por ese controvertido final. Episodios como The Other Woman y The Resignation ayudaron especialmente a que estuviera en boca de todos. Esto no quita que, según mi opinión, Matthew Weiner siga teniendo la misma doble moral de siempre.
Entiendo Mad Men como la gran obra que es y que ha despertado tanta fascinación en los últimos años. A veces se pierde cierta perspectiva de lo interesante del viaje por la ceguera y pedantería de muchos de sus espectadores, que inconscientemente me obligan a recordar solamente los episodios en los que no ocurre nada y donde ninguna mirada perdida aporta algo. También juega en contra que después cuando alguien se desata y grita, todos prediquemos como cotorras porque por fin se sale del molde y nos cuenta algo de forma evidente. Pero sobre todo me molesta que sea contemporánea cuando le da la gana y, cuando no, no puede ser más rancia.
Con esto me refiero, cómo no, al tratamiento de los personajes femeninos y de Don Draper. Tanto Betty, como Peggy y Joan se han visto limitados en su propia época. Cada una tiene su arco argumental y cada una tiene su evolución, pero todas han visto de alguna forma cómo estaban oprimidas por los tiempos que corrían, los sesenta, en los que todavía no se gozaba del mismo sentimiento de igualdad de hoy en día (aunque no es mi intención entrar en un debate de si hay igualdad total en el presente o no). Y el público así lo entiende porque Weiner las escribe de forma coherente con su contexto pero desde un punto de vista actual. Las amas de casa de las series de esa época no miraban a la nada más absoluta como Betty, ni veíamos cómo eran las vidas de las secretarias con curvas y cómo desearían haber nacido en otra época donde, además de poder explotar su atractivo, pudieran aspirar a ser mujeres y profesionales (algo que hizo Peggy en detrimento de su femineidad). 
Pero, cuando toca escribir a Don Draper, Matthew Weiner tiene un blind spot: se le enfoca desde el prisma de los sesenta, pero no se le juzga con los varemos presentes. Tiene tendencia a juzgar a sus compañeros por sus infidelidades, pero a él sólo se lo premia cuando pretende ser fiel. Se culpa a su ex esposa por ser una mala madre, pero a él se lo exonera porque era un hombre. Y es un ser arrogante y siempre se le excusa argumentando que es un hombre de éxito que se puede permitir ciertas licencias, como los grandes genios (escribe publicidad, chicos, no es un poeta torturado). De hecho, incluso cuando de vez en cuando parece caer en los infiernos, se le salva con algún acto más o menos heroico (la carta sobre el tabaco) o premiándole con instantes de felicidad (la preciosa Megan).
Sea como sea, Weiner está tan enamorado de su personaje que, cuando le toca escribir sobre él, pierde los papeles. Olvida la noción del tiempo, donde ocurren los hechos y desde donde los narra. Él mismo ya dijo hace poco que todos los personajes femeninos le interesaban en la medida que afectaban a Don pero, curiosamente, estos son los que más matices aportan al relato y Don, improbable icono total de nuestra época, seguramente es su mayor defecto.

6 comentarios:

Dro López dijo...

Qué entradas tan interesantes que escribes! Realmente dan que pensar.

No comparto para nada la forma de pensar de Weiner. A mí me interesan sobretodo Joan, Peggy y Betty. Don es genial en muchos sentidos, pero no logra interesarme del todo. Siempre tiene a una gran mujer y un buen trabajo a su lado, pero nunca sabe ser feliz, y en consecuencia también las hace infelices a ellas.

Y esa mirada final de la 5ª temporada... Me asqueó, pero mucho. ¿Significa eso que para ser creativo Don necesita tirarse a todo lo que lleve falda y tacones? Odio esa faceta suya. Ni profunda ni leches, es un putero egoísta. Luego tiene esos puntazos tiernos que se hacen de querer, como lo buen padre que es, o lo bien que intenta portarse con todas sus parejas y amigos en general... A veces siento que estamos viendo a dos personas distintas. Pero bueno, supongo que de eso trata Mad Men, de todas las caras que puede llegar a tener la gente...

Un saludo.

Abril22 dijo...

Imagino que a Don se le juzgará cuando el ídolo de barro caiga de su altar mayor. Imagino que por eso Weiner lo hace así... Me pregunto si se destapará todo su engaño. Es cierto que ya se sabe pero no la opinión pública. Vamos que yo quiero un gran escándalo xD!

Sobre la mirada del final todo el mundo pensamos que Don volverá a las andadas en la siguiente temporada. Pero quien sabe! Será su amante será Betty? Seguirán desarrollando su amistad con Peggy? Espero que siga saliendo en la siguiente temporada. Quiero ver piques entre ella y Don y que le quite alguna cuenta potente y que ojalá vuelva como Socia xD!

Veremos qué nos depara la siguiente temporada. Tengo muchas ganas de saber sobre Joan!

Union dijo...

Me parece que estás completamente equivocado en lo que decís. La tercer temporada no fue brillante, pero no fue mala, me parece un tanto excesivo ese calificativo.

Yo lo que veo es que no te das cuenta que el personaje de Draper es justamente todo lo que vos decís, más allá del enamoramiento que pueda tener Weiner. Draper es lo que Weiner quiere que sea, y te aseguro que muchos escritores hubieran deseado crear un personaje como este. Noto una molestia, digamos, personal hacia la serie de tu parte y también hacia Weiner y Draper.

Tal vez no te guste la serie tantos como a otros, aunque reconocés que es una gran obra, que está claro que lo es. Es cierto que hay capítulos en los que no ocurre nada, pero hasta The Wire tuvo sus capítulos malos!! Y estamos hablando de la mejor serie de la historia, al menos para mí.

Pero lo que me llama la atención de tu entrada, es que hablás del doble rasero. De que Draper tiene en detrimento de otros personajes, sobre todo de los femeninos, ciertos privilegios. Eso no tiene ningún sentido. Y no lo tiene porque justamente estamos ante la muestra de machismo de la época, donde el hombre se creía socialmente superior a la mujer. Me parece que te cuesta verle el sentido crítico a la serie.

Y cuando digo que hay una molestia "personal" tuya hacia Draper lo digo por cosas como esta: Tiene tendencia a juzgar a sus compañeros por sus infidelidades, pero a él sólo se lo premia cuando pretende ser fiel. Se culpa a su ex esposa por ser una mala madre, pero a él se lo exonera porque era un hombre. Y es un ser arrogante y siempre se le excusa argumentando que es un hombre de éxito que se puede permitir ciertas licencias.

No sé, pero mirá Dr House y ves que también tenía sus licencias. Un personaje es una creación, es ficción y dentro de eso todo es posible, hasta para una serie que pretende ser realista. Omar en The Wire era una creación ficticia en una notable serie que te habla de la vida...

En fin, cada uno se quedará con sus puntos de vista.

Saludos

Crítico de la Tele dijo...

Me encanta. La opinión sobre los Emmy de uno de tus colegas de profesión:

http://www.elcriticodelatele.com/2012/07/premios-emmy-2012-unos-galardones-muy.html

Crítico en Serie dijo...

Dro, lo peor es que esa mirada final resultó ser grauita. Matthew Weiner ya avisó que no tenía porqué significar que se iba con otra. ¿Entonces para qué la añadió? Pues para que todo el mundo hablara de Mad Men aunque no tuviera ningún significado detrás. Al igual que ocurrió con la cuarta temporada y esa mirada final al techo como si siguiera intranquilo a pesar de pedir matrimonio a Megan (que reescribieron para la quinta temporada, pues nada tenía que ver).

Abril, no creo que sus planes sean ensalzarlo para que la caída sea más épica. Pero me gustan las teorías de que acabará volviendo con Betty. Será interesante verlo, si ocurre.

Union, entiendo que haya machismo en esa época. Entiendo el comportamiento de Don. Lo que no entiendo es que, si se juzga a las mujeres y a los demás hombres desde una mirada actual, porqué esto no ocurre con Don. Sólo esto.

Minnie Mousse dijo...

Yo no veo que a Don Draper ni se le premie ni se le castigue. Pensar que a los personajes de ficción se les tiene que "premiar" o "castigar" según sus actos es pensar que una obra de ficción tiene que actuar como un ejemplo de moral, lo cual, a parte de resultar peligroso, restringe la creatividad.
Por otra parte, tampoco creo que a las mujeres se les esté juzgando desde el punto de vista actual y a los hombres no: se refleja, por ejemplo, el crecimiento laboral de la mujer (Peggy), o el estado depresivo de las amas de casa de la época (Beth), pero no se juzga, simplemente se expone. Y de la misma forma que las amas de casa se deprimían y se conseguían avances en el mundo laboral, también estaba "permitido" que los hombres tuvieran amantes.
Yo creo que Weiner simplemente ha creado a un personaje consistente en un hombre que se cree por encima del bien y del mal y que a veces parece haberse autoproclamado defensor de la moral, pero la moral entendida por dichoo personaje.