viernes, 14 de septiembre de 2012

La temporada 2012-2013 (III): La CW se hace mayor

La CW es la network que no parece una network. Tiene las licencias para emitir en todas las televisiones de Estados Unidos pero unas audiencias muy marginales que no compiten con los otros canales generalistas y que en verano quedan en evidencia al lado del cable. De hecho, el público les hacía semejante vacío los domingos por la noche que hasta cedieron ese primetime a los canales locales para reducir costes hace ya tres años.

El modelo de negocio de los propietarios del canal, CBS y Warner Bros, de momento está claro: las series que producen y emiten son inicialmente deficitarias y se rentabilizan a largo plazo con las ventas internacionales, el mercado doméstico, las sindicaciones y, si hace falta, a base de convenciones. No obstante, otra cosa es que estén satisfechos con los resultados y que no busquen salir del bucle de fracasos cambiando de filosofía. Si durante un tiempo se dejaron llevar por el hype de Gossip Girl y transformaron su programación en un desfile de teen soaps superficiales y de marca, ahora por fin han apostado por un público joven más adulto. Los pinitos estaban allí con Nikita y Hart of Dixie, pero faltaba hacer otros encargos en esta línea para adentrarse en el mercado de las series jóvenes (que no adolescentes) y en la ciencia ficción más comercial.

Arrow, por ejemplo, buscará heredar el público de Smallville pero adaptándose a los nuevos tiempos, dándole una patina más adulta y oscura, y adaptando de cero el héroe de cómic. Puede que entre todos sus creadores, Greg Berlanti, Marc Guggenheim y Andrew Kreisberg, tengan de todo en sus currículums (desde Political Animals a Brothers & Sisters, Boston Legal, Eli Stone, Fringe y The Vampire Diaries), pero sobre todo gozan de experiencia en proyectos adultos, algunos decentes y de éxito. Y será interesante la táctica de emparejar Arrow con Supernatural, con la esperanza de tener una noche más que sólida y sacarle algo de brillo a los hermanos Winchester, al igual que será muy novedoso que dediquen los martes a series médicas. En este caso, la novata que deberá compartir primetime con Hart of Dixie será Emily Owens M.D., la serie protagonizada por la hija de Meryl Streep, Mamie Gummer, y que se ha vendido como una especie de Anatomía de Grey más desenfadada. Algo así como Diario de una doctora, la serie alemana que emite Cosmopolitan. No apunta nada bueno pero puede interpretarse como otro paso más hacia adelante por el cambio de género.

Y, finalmente, Beauty and the Beast complementará la cuota de ciencia ficción y también de romanticismo, esta vez como procedimental policíaco con una historia de amor en primer plano. Obviamente, no da la impresión de ser arte y ensayo pero es significativo que sus protagonistas también sean veinteañeros más cercanos a la treintena y apuesto a que será el guilty pleasure de la temporada. Da buena espina, por ejemplo, que tanto Jennifer Levin (Sin Rastro, Felicity) como Sherri Cooper (Brothers & Sisters, Unforgettable) tienen experiencia en los dos géneros que este drama quiere conciliar, y otra vez la CW pretende hacer una noche temática, emparejándola con The Vampire Diaries.

Desde un punto de vista de estrategias de programación, también tengo curiosidad por ver cómo le funcionan los estrenos de este año. Normalmente la CW tenía la costumbre de estrenar todas sus ficciones antes que las demás networks, pero esta temporada los han retrasado hasta octubre. El argumento principal es impedir tantas interrupciones durante el otoño, que después tienen que llenar una temporada especialmente larga con la misma cantidad de episodios. A ver si les permite una mayor fidelización o si el retraso sólo provoca que sus llegadas pasen aún más desapercibidas.

¿Entonces, con qué me quedo?

Sinceramente, dudo que ninguna sea buena. Otra cosa es que Arrow y Beauty and the Beast tengan mucho potencial para ser productos muy entretenidos y hasta adictivos. Pero lo que admiro de esta programación es que, por primera vez en mucho tiempo, la CW tiene unos reflexivos y claros objetivos. Si quieren sobrevivir, ya pueden atraer a un público más amplio o tienen los días contados.