jueves, 4 de octubre de 2012

El 'savoir-faire' del Sheriff Lamb

El septiembre tiene tantas novedades que al final uno acaba por saturarse de pilotos, sobre todo si los vistos resultan bastante decepcionantes. Molesta, por ejemplo, ver propuestas de drama cuyas presentaciones son tirando a mediocres porque, por regla general, suelen ser sus mejores episodios. Imaginad cuán buena señal es. Por suerte, siempre hay alguna serie que sorprende para bien y este año, de momento, se trata de Vegas.

Si soy sincero, debo reconocer que jamás di cuatro duros por este drama criminal centrado en la ciudad del pecado. Había quienes auguraban que sería una ficción de calidad porque algunos de sus implicados así lo daban a entender, pero no había que menospreciar el marco en el que se emitía: la CBS, el canal de las series de casos bastante fantasmas (la franquicia NCIS, Elementary, El Mentalista). Y, si bien no parece una obra de Martin Scorsese, su resultado es muy satisfactorio.

La serie gira alrededor de dos polos bastante claros: el Sheriff Lamb y un gángster llamado Vincent Savino. El primero es un héroe de guerra viudo que, en lugar de vivir una apacible vida cuidando de su rancho, se convierte en el defensor de la ley. Pocos están por la labor en la Las Vegas de los años sesenta, en proceso de expansión, donde toda rata busca ganar dinero y ni tan siquiera el fiscal es trigo limpio, y aplicará la justicia acompañado de su hermano y el tarambana de su hijo que trabaja en el cuerpo de policía. Y, se supone, el sheriff verá como continuamente sus casos le llevan por una razón u otra a Savino, que tiene un código ético y una visión de la ciudad tan propios como opuestos a los principios de Lamb.

La promoción indicó que giraría en torno a la tensión de estos dos, pero aquellos que creyeran que su calidad dependería de ello seguramente se llevaron un buen chasco. Como (casi) toda serie de CBS, es un procedimental con sus asesinatos y pesquisas. Otra cosa es que esta fórmula en este caso dé esperanzas después de ver cómo se encuentra muy a gusto con todos los elementos que baraja.

Uno de sus autores es Nicholas Pileggi, responsable de los guiones de Uno de los Nuestros y Casino, y el otro es Greg Walker, con amplia experiencia en televisión y en series autoconclusivas, y ambos concilian las dos esencias de la serie de forma automática. Por un lado, se adapta a las exigencias del canal y encima propone un círculo social muy sólido, donde no se agobian con las presentaciones (habrá tiempo para conocer al hermano, por ejemplo) pero rápidamente exponen cómo es el entramado. Tranquiliza, además, que su ambientación no sea de postal y que el director del piloto, James Mangold, la utilice como marco y acomode el relato en una realización muy clásica. Y, finalmente, tiene el mejor cásting de este año, no porque nos suenen sus nombres sino porque todos ellos encajan muy bien en sus papeles. Desde Dennis Quaid como Sheriff a Michael Chiklis como mafioso, pasando por Taylor Handley, Jason O’Mara y una Carrie-Anne Moss de la que vemos sólo dos pinceladas pero que tratan con respeto (qué fácil sería insinuar una tensión sexual muy evidente, que la hay, y qué amigable se la ve).

Esto no quita que Vegas se tenga que tomar con mucha cautela. No sería la primera vez que una serie nos promete el oro y el moro en el piloto y que después se olvida de sus pretensiones. Pero, por lo menos, es una serie clásica que apunta a ser entretenida, consecuente con su ambientación y que tiene los ingredientes indispensables para afianzarse como una ficción muy decente.