viernes, 7 de diciembre de 2012

La viuda loca de los Hamptons

Esta entrada contiene spoilers hasta el 2x09 de Revenge. Estáis avisados.

Estas últimas semanas he notado cierto desencanto con respecto a Revenge. Al igual que le está ocurriendo a Homeland, tenía que estar a la altura de una primera temporada maravillosa (sobre todo en su primer tramo) que tenía el factor novedad a su favor. A primeras, parecía que sería así. Sabíamos que llegaría la madre de Amanda, interpretada por Jennifer Jason Leigh (otra casi-estrella en su momento, como Madeleine Stowe), y podíamos pronosticar un duelo de zorras de altura. Erróneamente.

Esta incorporación suavizaba la idea de que una organización estaba detrás de la conspiración contra David Clarke. Personalmente, suelo desconfiar de cualquier historia donde de repente surge una organización aún más secreta y aún más poderosa que el anterior enemigo. Acordémonos, por ejemplo, de cuando nos dimos cuenta en Prison Break de que la villana de verdad no era esa enigmática mujer que cortaba verduras en la cocina, sino una misteriosa Compañía que se tomaba muchas molestias en meter en la cárcel a quien no tocaba. Entonces todo se fue al garete. Pero, como juré que confiaría en el señor Mike Kelley porque nos había devuelto la soap-opera de primetime, decidí tener fe en la Iniciativa.

La paradoja es que fue Kara (Jason-Leigh) el primer flop de la temporada. En lugar de una batalla interpretativa con altas dosis de cirugía estética, la madre ha pasado por Los Hamptons prácticamente como un no-personaje. La dibujaron como una mujer loca que intentó matar a su hija, estaba enamorada del hombre del pelo blanco que quiso asesinar a Amanda y se quedó en la nada más absoluta. Ni un momento potente, ni una identidad fuerte en un mundo donde incluso Ashley está mejor perfilada.

Los primeros episodios, no obstante, se pudieron disfrutar ampliamente. El secuestro de Charlotte, la aparición de sopetón de Victoria, la muerte del canoso (que Amanda hable por teléfono mientras limpia la sangre del fiambre en el comedor de su casa es encomiable) hicieron del inicio de temporada un crowd-pleaser. Estaban las miradas de Victoria, cayó una embarazada de un primer piso por culpa de unos taconazos y había suficientes guerras dialécticas y one-liners para divertirnos. Y, incluso en estos últimos episodios menos afortunados, hemos podido presenciar la reconstrucción del matrimonio Grayson, el centro absoluto de esta temporada. Están llevando la trama y su pasivo-agresiva relación está siendo muy fructífera, haciendo buena televisión y mejorando sustancialmente a Conrad como personaje.

Pero la trama propia de los Porter que redefine el concepto de relleno y la falta de concentración de Amanda, que está en un segundo plano desde que ha aparecido ese maromo llamado Ayden en su vida, han impedido que Revenge esté rindiendo a fondo. Una serie como esta necesita construir tensión hacia un clímax potente y el desenlace fue más bien flojo, sobre todo por la falta de planes de Amanda.

A ver si Kelley aprovecha las vacaciones de Navidad para colocar a la protagonista otra vez en el centro y encamina de una vez la Compañía, que necesita una dosis de verosimilitud urgente. No quiero que dé el salto del tiburón tan pronto, que odiaría dar la razón a todos aquellos que predijeron que Revenge jamás aguantaría una segunda temporada.

1 comentario:

Ester Vi dijo...

Lo siento, pero me he quedado ciega viendo una comparación entre Revenge y Homeland jajaja. Insinuas que la 2º de Homeland esta siendo peor que la 1º?