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miércoles, 29 de enero de 2014

La actitud positiva de 'American Idol'

La temporada pasada viví ajeno a todas las polémicas que rodeaban a Nicky Minaj y Mariah Carey en ‘American Idol’. Ni les di una oportunidad porque la 11ª edición me había agotado una vez habían emitido los cástings, la parte más interesante (la ‘Hollywood Week’ y la fase final en Las Vegas siempre son muy intensas). Pero, quizá porque he leído cuatro cositas positivas sobre esta última temporada que tiene a Keith Urban, Jennifer Lopez y Harry Connick Jr de jurado, he decidido darle otra oportunidad. Es el síndrome de abstinencia de ‘X Factor UK’, que hay que mitigar de alguna forma. Y, de momento, estoy sorprendido por el cambio.

Es muy agradable que por fin Randy Jackson no forme parte del concurso. Este hombre se supone que cumplía la cuota racial en el programa, muy visto por la comunidad negra, pero era un despropósito de juez. Era un mono de repetición que siempre soltaba las mismas ridículas expresiones con todos los participantes y denigraba el concurso a argumentos muy pobres. Y, en cambio, los jueces actuales tienen los oídos muy afinados. No es que sean crueles ni mucho menos, pero están preparados para dar malas noticias, para aconsejar a los concursantes durante la selección y encima parecen pasárselo bien. Harry Connick Jr es una rara mezcla entre payaso y juez exterminador, y funciona a la perfección, sobre todo cuando interactúa con los demás. Vamos, que el panel de jueces ha recuperado un esplendor que hacía siglos que no tenía y están cómodos. Supongo que Keith Urban se sentirá más seguro viéndose rodeado de personas sin trastornos psiquiátricos.

Pero el lavado de ‘American Idol’ va más allá del trío de seleccionadores. El montaje, como siempre, es una bestialidad (por esas panorámicas, por las actitudes de los aspirantes, por las instantáneas de las ciudades que visita) y encima parece que quiere subirse al carro de la positividad. Hay menos momentos para los concursantes-bazofia o locos, mientras que se muestra mucho más el talento. Esto es una lanzadora de estrellas, es la idea que venden, y toca hablar de sueños por cumplir, de voces ocultas sin tener en cuenta las circunstancias personales. Pasan por alto esas situaciones lacrimógenas de “tengo que pasar de ronda porque mi mejor amiga murió la semana pasada” o “quiero ser cantante profesional y mi novia tiene una parálisis cerebral”. Mejor, que nunca se gana nada con estas tristes experiencias: o se sobredimensionan sus habilidades, o el chasco es simplemente cruel cuando no les dejan pasar en la siguiente ronda.

Por esto, porque los jueces se toman su labor en serio y porque también intercalan instantáneas de Connick, Lopez y Urban contando qué es para ellos una estrella de la música o qué debe tener una persona para triunfar, le daré una oportunidad a esta edición de ‘American Idol’. Se agradece que se lo tomen en serio. Y, por más que los jueces sean parte esencial del proceso, está bien que el talento esté por encima. Esto es lo que lo diferencia del resto de ‘talent shows’ musicales, así que es un punto a favor que lo acentúen.

viernes, 10 de febrero de 2012

El objetivo de The Voice

La rivalidad entre The Voice y American Idol hace correr ríos de tinta desde que se anunció que el reality con Christina Aguilera ocuparía el hueco de después de la Super Bowl. La estrategia, por supuesto, les funcionó. Arrastró 37 millones de espectadores del partido de football y al día siguiente mantuvo casi 18 con un 6.7 en los demográficos que valoran los anunciantes. Mejor que lo que registró este miércoles el histórico monstruo, que tuvo más público (19 millones) pero un 6.1 en adultos de 18 a 49 años.


Aparte de ver cómo evoluciona esta particular batalla musical, hay más factores a tener en cuenta y diría que el fundamental es que el público norteamericano está fatigado con los formatos de búsqueda de futuras estrellas de la música. Como comenté hace muy poco, la FOX emitió X Factor en su propio canal, agotando al mismo público que tenía que ver American Idol estas fechas. De aquí viene el desgaste del programa que ha bajado de media un 30% respecto la pasada temporada (y que no ha notado ningún bajón cuando The Voice se ha estrenado).


Con la bajada de audiencia cuesta más vender la grandilocuencia del formato, a pesar de que los cástings sean siendo masivos y la producción espectacular. Para creer que estás viendo un pedacito de (industrial y manipulada) historia, necesitas una masa constante de gente que lo hable al día siguiente. Lo que intentó inculcar Simon Cowell al público este otoño y no consiguió (el X Factor de USA siempre será American Idol).


Este cansancio vital del espectador acostumbrado a estos programas, sin embargo, no se puede traspasar directamente a los nuevos espectadores que ahora mismo ha encontrado The Voice (a pesar de que le afecte en menor medida). Como se comentó hace muy poco en la Entertainment Weekly, hay una diferencia fundamental: su objetivo, por más que digan, no es encontrar “la voz de América” sino divertir al espectador con los rifirrafes de estrellas del mundillo como son Adam Levine, Blake Shelton, Cee Lo Green y Christina Aguilera.


Además, en esta temporada los cuatro han comenzado con las pilas muy cargadas, entendiendo desde el principio que deben dar espectáculo y que el show son ellos. Blake y Adam se pelean, Cee acaricia a un gato blanco en los confesionarios como si fuera el malo de El Inspector Gadget (el robaescenas de la edición) y Christina Aguilera muestra mucho más entusiasmo (siendo igualmente una diva antipática pero que, paradójicamente, cae bien). Supongo que también le motivará saber que Jennifer Lopez relanzó su carrera con Idol, que Maroon 5 tuvo la canción del verano gracias a The Voice y que ahora es su turno (después de que, como me dice siempre un amigo, alguien le echó un mal de ojo como esta fotografía demuestra).


Lo de menos, al final del día, son los concursantes que eligen. Bueno, acaban importando en la medida en la que nos permiten apoyar más o menos a un juez-mentor. Y por esta razón American Idol seguirá siendo el programa de referencia a la hora de encontrar y crear ídolos musicales porque, de momento, The Voice ni lo ha hecho, ni parece que vaya a conseguirlo. Claro que, aunque digan, tampoco es su propósito y no descarto que la jugada les pueda salir aún mejor.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Simon Says...

Crear expectación es una artimaña muy necesaria en el mundo de la televisión, pero hay que vigilar la estrategia y es muy arriesgado contar al mundo en primera persona tu opinión. Simon Cowell, por ejemplo, dijo de la versión americana de X Factor que “cualquier audiencia de menos de veinte millones sería un fracaso”. Y luego pasa lo que pasa: te estrenas con catorce millones y la cadena ya puede edulcorar las cifras en las notas de prensa. Es un fracaso, ni te tomes las molestias.


Cowell, que era juez en la versión británica y en EEUU era el personaje más carismático de American Idol, debió considerar que si comunicaba que lo vería todo Dios, todo Dios lo vería para no perderse el día después y los comentarios de peluquería y de patio de colegio. Pero no. Bastante gente lo vio, tuvo unos demográficos aceptables en general (el 4% de los americanos de 18 a 49 años vio el estreno), pero no los suficientes para X Factor en particular. Si dices que eres el nuevo Titanic, más te vale reventar las taquillas (y sino que se lo digan a Michael Bay y a su Pearl Harbor).


Sin embargo, el desembarco de X Factor (con sus decepcionantes resultados) es una de las historias televisivas más divertidas de los últimos años (podríamos decir que es la versión populista del “Conan vs Leno”). El formato, creado en el Reino Unido, es un éxito masivo en su país de origen que intenta buscar a un buen cantante con el potencial para convertirse en una estrella mediática, que reúna talento vocal, personal y que sea muy comercializable. Pero tenía un problema a la hora de desembarcar en EEUU: los yanquis ya tenían American Idol, que también era un coloso, y encima compartía con este programa su juez más carismático, Simon Cowell. Pero llegó un día en el que Cowell decidió que su barco se hundía poco a poco (Idol bajaba un 10% cada año) y que era hora de acoger a los navegantes y sumar otros nuevos con X Factor US. Creía que podía volver a empezar (y forrarse aún más) y traicionó al programa que le había hecho famoso en Estados Unidos buscándole competencia en la misma cadena. Sí, lo habéis oído bien: en la misma cadena.


La FOX, también muy lista ella, intentó dar otro pelotazo y encargó una primera temporada de X Factor para el otoño (Idol se estrena después de las Navidades). Así el público estaría ávido de concurso después de un verano insípido y no importaba si Idol acababa bajando: la cuestión era encontrarle un sustituto mientras gozaban del favor del público joven. Pero hubo algo que no predijeron en los despachos: con la despedida de Cowell de Idol y la contratación de Jennifer Lopez y Steven Tyler, la expectación creció y un nuevo público se incorporó a su buque insignia. American Idol volvía a estar de moda, pero ya no había marcha atrás: X Factor se acercaba por el Atlántico y ya sólo podían salir perdiendo por varias razones.


La primera de ellas era que si American Idol había ganado un 10% de su público en su último año (y con los tiempos de erosión que corren), significaba que le quedaba vida. En caso que X Factor fuera el fenómeno que buscaban, se cargarían sin necesidad su joya de la corona (nadie se cree que pudieran mantenerlos a ambos con éxito durante mucho tiempo; X Factor no era un complemento sino un sustituto). Y, para ayudarles durante el camino, la NBC estrenó a finales de primavera The Voice donde los jueces que eligen a los concursantes también ejercían de mentores como en X Factor. Adiós novedad.


Así les quedó un mejunje que ya ni sabían como vender. La percepción era que X Factor intentaba ser American Idol con un populismo propio de America’s Got Talent y un mecanismo ya visto en The Voice (donde quizá no estaban Cowell y Paula Abdul, pero sí Christina Aguilera, Adam Levine, Blake Shelton y Cee Lo Green). Tampoco creo que ayudara que Cheryl Cole, la juez británica que se apuntó al proyecto, fuera despedida tras una semana de grabación (aunque Cowell contribuyera a los dimes y diretes, pensando que el ruido hacía los espectadores).


En conclusión, FOX se ha pasado medio año observando cómo ella misma cogía un rifle, se apuntaba al pié y se disparaba. Se había convertido en su mejor enemiga y ahora lo mejor que le puede pasar es que X Factor sea tal fracaso que el público de Idol aún tenga más ganas de que llegue 2012. Y Cowell, descompuesto y sin novia. Ojalá.

viernes, 20 de mayo de 2011

Haley Reinhart

El lavado de imagen de Jennifer Lopez es digno de estudio. Conseguir que te paguen 12 millones por ir de princesa de Estados Unidos es una maniobra casi infalible si eres una mujer fría y calculadora que sabe cuándo llorar, cuándo reír y cuándo mostrarse compasiva ante las cámaras. Hasta me gasté un euro en su horror de ‘On The Floor’ de tan convencido que me tenía. Pero si hay algo que no soporta una diva de las malas es que alguien no se rinda a sus pies. Y si ese alguien encima sabe cantar y es una diva de las de verdad (de las que se te comen en el escenario y no de las que piden agua embotellada de Kuala Lumpur y un monje budista haciendo la vertical en el camerino), la bruja que reside en su cuerpo debe salir al exterior. Esto es lo que le ha ocurrido a Jennifer Lopez: una chica llamada Haley Reinhart empezó a mirársela cómo diciendo “¿y quién eres tú para opinar sobre canto?” y la zorra malvada que vivía en su interior salió a relucir. Adiós a las buenas intenciones.


Esto es, en realidad, un panegírico en homenaje a esta rebelde obrera del canto que ha sido expulsada justo a las puertas de la final de American Idol, pero es que una cosa no se entiende sin la otra. Haley Reinhart era, desde el minuto uno, la mejor voz del programa, llena de matices, con múltiples registros y encima original, algo que nunca antes habíamos oído. Captad cómo lo demostró en los cástings:




Cuando tocó entrar en el programa empezaron a lloverle las críticas por parte de Jennifer Lopez y Randy, ese troll inculto cuyas expresiones podríamos contar con los dedos de una mano (“Hey, dwag”, “Yo, dude”, “it was pitchy all over the place”, “you’re in it to win it”). Primero el 'Fallin’' era demasiado sexy cuando tenía que ser triste y al final si Jacob y James reventaban tímpanos con sus gallos estaba muy bien “porque demostráis que estáis emocionados” y ella, entonando, “chillaba”, para mencionar algún ejemplo. Fue entonces cuando Haley decidió reírse de Jennifer y Randy en su cara. Con cada risotada irónica quedaba claro que le resbalaba y con una mirada había bastante para intuir qué pensaba. Vamos, que una persona que no compone y que se pegó varias hostias con sus últimos discos no podía dar lecciones sobre elegir canciones; y que una persona que versiona la lambada con Pittbull no se merece la vida (musical). ¿Lo mejor del asunto? Que con cada crítica se creció, dándonos actuaciones como 'Piece of my Heart', 'Bennie and the Jets', 'I Who Have Nothing' o esta que dejó a J.Lo con la pata tiesa...



...y este impresionante dueto con Casey, en el que ella se salió.



La parcialidad del concurso no se quedó allí. Además de la choni de Jennifer, Nigel Lythgoe no le tenía demasiada estima. Mientras que habíamos visto 20 veces la audición de Lauren y oído 40 chistes malos de Scotty (por no hablar de los retretes de Naima y los problemas de James), de ella ni tan siquiera aprovecharon que su padre era músico. No. Lo curioso es que Beyoncé, si algo dijo de ella, era que tenía potencial de estrella y que su voz era distinta a cualquiera que hubiera oído, algo que también ha defendido Adam Lambert hasta la extenuación. Donde algunos veían prepotencia, él veía confianza y seguridad y la mejor voz del concurso.


Al final del día, sin embargo, Haley ya está fuera del concurso y la final de los tweens ya está en marcha (con los concursantes de registro único y repetitivo). Jennifer, que tan afectada se mostraba siempre con toda eliminación, ni tan siquiera fingió consternación (antes he dicho bruja para ser políticamente correcto). Pero quien tiene que triunfar, triunfa. Y quien ha nacido para ser estrella, pues se despide a lo grande. Y Haley se comió a American Idol, a la choni y sus detractores con su última actuación. De un solo bocado.


jueves, 28 de abril de 2011

The Voice y las estrellas

Una de las cuestiones que han provocado más especulaciones esta temporada entre los medios de comunicación norteamericanos ha sido el enigmático futuro de American Idol. Entre la marcha de su juez más carismático Simon Cowell, la llegada el año que viene de X Factor en la misma FOX y el desgaste del 10% que sufre cada año, la pregunta era si ya podían enterrar el formato o no. Y al ver que incluso su propia cadena le preparaba un sucesor, la NBC fue rápida de reflejos. Así que, mientras que AI sigue en antena, la cadena del pavo real ha estrenado The Voice y la jugada de momento parece que no les ha salido mal: mientras que sus cifras absolutas pueden no alucinar a nadie (alrededor de 12 millones), en los demográficos demostró ser una mina de oro, con más de 5 puntos entre el público adulto-joven, el más deseado por las agencias de publicidad y el mejor estreno de la temporada en esta franja.


El diferencial (que siempre lo hay aunque no lo parezca) es su punto de partida, que bebe descaradamente de X Factor: hay cuatro coaches que deben elegir ocho concursantes para que compitan con su equipo. Esta vez demuestran su interés por incorporarlos a ciegas, de espaldas a ellos, de tal forma que juzgan al concursante por su voz y no su aspecto. Sin embargo, esta premisa se abandonará rápidamente, pues los integrantes de cada equipo se enfrentarán entre si mismos hasta que queden cuatro con cada mentor y, después sí, competirán cada semana en directo para ganarse el favor del público. Vamos, nada que no hayamos visto antes en American Idol, pero el formato llegado de Holanda de la mano de John de Mol quizá tampoco necesita más.


Para empezar, la presencia de Christina Aguilera, Adam Levine de Maroon 5, Cee Lo Green y Blake Shelton como mentores es orgiástica, algo que quedó bien claro con su versión en directo de Crazy (¡qué monstruos encima del escenario!):




Y el espectador, en realidad, no necesita nada más que unas sillas giratorias para disfrutar del programa como si no hubiera visto nunca nada parecido. Ellos eran el anzuelo para que la gente le diera una oportunidad, las sillas de espaldas al escenario eran la excusa (y que recaiga en el concursante quién quiere que sea su mentor si hay varios interesados) y a partir de aquí todo recae en el cásting y los mediáticos coaches: de ellos dependerá que sus chicos conecten con el público y ellos también serán responsables de gran parte del show. Al fin y al cabo, son quienes son y de aquí que la audiencia del programa fuera tan y tan joven, que Cee, Christina y Adam son mega-estrellas contemporáneas, así sin más.


La primera impresión que he tenido acerca de ellos ha sido muy positiva. Todos tienen algo que aportar desde su experiencia, en terrenos musicales bastante opuestos; Cee y Blake están como un pez en el agua en su papel de reclutadores; Adam, cuyo afán por lucir abdominales me repelía bastante, está simpático y extraordinariamente atractivo y seductor; y Xtina es la diva que todos intuíamos, con una actitud que no la ayudará a ganarse fans (no es lo que dice, sino como lo dice), pero que ya funciona para tener algo de variedad. Y entre los concursantes hay diamantes en bruto (y algún caso de sordera por parte de los entrenadores). Entre mis favoritos, de momento, están Rebecca, Xenia, Javier (el concursante que más buzz ha creado) y el monérrimo matrimonio Elenowen:




No obstante, lo que se analizará a partir de ahora no serán tanto los concursantes sino el recorrido del programa en cuanto a audiencia y si esto afecta a American Idol, que ha rejuvenecido este año igualando y hasta superando los registros del pasado año gracias a Jennifer Lopez, Steven Tyler y unos concursantes con mucho talento (y pocos looks). ¿Hay cabida para dos formatos tan potentes y ambiciosos en el mismo espacio-tiempo, o The Voice desfallecerá en su segunda semana? ¿Y habrá espacio para X Factor?


Muchas veces el éxito de un formato por encima de otro no depende tanto de sus propiedades sino de quien llega primero, así que Simon Cowell ya se lo puede currar para cuando desembarque en otoño. Puede que tenga a Simon y hasta a Paula Abdul, pero AI sigue siendo el referente para los americanos y The Voice se está erigiendo como la alternativa para quienes estén cansados del de la FOX o hasta quieran más, con cuatro pesos pesadísimos con millones de feligreses cada uno y una mecánica muy similar. La batalla de las singing competitions ha comenzado.

viernes, 8 de abril de 2011

Los delirios de los jueces

Esta entrada contiene spoilers sobre la última semana de American Idol y la quinta expulsión.


Las injusticias que supuestamente están ocurriendo en American Idol son un problema de percepción. No es que “América se vuelva loca” o que pasen de votar porque crean que su cantante favorito tiene el puesto asegurado. Hay tanto talento que el público ante el más ligero titubeo puede mandar uno de los favoritos a casa con el simple hecho de no dignarse a hacer una llamada de teléfono. Y lo mejor es que, si hubiéramos dejado de lado las ovaciones que recibía en el plató, el amor que le profesaba J.Lo y los montajes que nos hacían de ella, Pia Toscano se estaba ganando la expulsión. En los foros había mucha gente que incluso avanzaba este acontecimiento. El mérito es que ellos sabían diferenciar entre la visión sesgada de los jueces y del programa, y lo que realmente vivía el público.


Esta edición de American Idol si se caracteriza por algo es por el increíble talento que participa. Mientras que el año pasado todos fueron cayendo como moscas con unas actuaciones irregulares y unos problemas de entonación que no eran ni medio normales, este los chicos están mucho mejor entrenados. Las audiencias no mienten y el programa esta temporada ha evitado la caída del 10% que sufría el programa cada año (a ver qué dicen ahora los partidarios de Cowell que anticipaban la muerte del concurso). Y si bien es cierto que de momento sólo han caído chicas, también lo es que en la mayoría de casos fueron resultados razonables. Ashthon y Naima tenían graves problemas de afinación, Karen era insulsa y los que ahora se lamentan de que Pia se haya ido por la puerta de atrás, sin posible salvación por parte de los jueces, que recuerden que Thia tenía una de las voces más prodigiosas y nadie le perdonó sus pésimas elecciones de canción y su falta de garra en el escenario. Pues en el caso de Pia la gente se ha hartado de que vaya de diva y que parezca recién salida de un concurso de belleza made in USA, con sus afectadas sonrisitas. O no es tanto que no les guste, sino que concuerdan más con los concursantes que quedan, que de una forma u otra han conectado mejor con ellos.


Después de la casi expulsión de Casey, no queda la excusa de que sus votantes no sufrían por el porvenir de su chica y decidieron no mandar el mensaje de apoyo. Ya estaban avisados. Y cuando Jennifer Lopez y Steven Tyler vean en la próxima gala que solo quedan dos chicas y se tiren de los pelos, que recuerden que malgastaron su derecho a salvación en el único chico expulsado hasta el momento. Y cuando hagan cara de horrorizados porque algún tío como Jacob se larga (que se ha buscado el desprecio del país con su arrogante comentario de “si estoy en el bottom three no será por cómo canto, sino porque los americanos no se habrán atrevido a mirarse en el espejo”), que reflexionen acerca de sus expresiones, que dan a entender sus claros favoritismos más allá del verdadero talento (Jacob es inaguantable y se le descontrola su voz cada semana). Si fuera Stefano, os juro que les hubiera mandado a freír espárragos (claramente un eufemismo de lo que les diría). Quizá se extrañan de que, a diferencia de otras ediciones, prefieren a tipos con personalidad (y no me refiero precisamente a Stefano, que es el único que sigue ahí sin saber exactamente cómo).


Ni tan siquiera el voto tween, que dicen que marca las votaciones (¿Tim Urban?), puede mencionarse como culpable, porque no hay ningún chico guapo y todos tienen sus peculiaridades. Paul se supone que va a un público que no es el de American Idol con su voz rasgada; James va de rockero, es autista y tiene la mar de tics; Jacob es una divona de cuidado; Casey actúa como si estuviera torturando a alguien; y Scotty es la gran esperanza del country (con una última actuación divertidísima). Y las únicas chicas que quedan son Lauren, la nueva Kelly Clarkson que ni se tiene que esforzar para ser buena (y a la que respeto por su actitud de fumada de 16 años), y Haley, que tiene una voz alucinantemente buena y característica y que el público ha llevado más lejos de lo que esperaba, sabio tras ver sus dos últimas y terrificas actuaciones.


Lo dicho: que los jueces se replanteen su actitud ante la próxima eliminación. No quiero ver tanto drama por Pia y que luego echen a Paul o Haley y digan “es que no estás hecho para este programa, tienes un talento demasiado especial”. Que yo sepa, de momento el público dice lo contrario y ellos erre que erre que en realidad a la gente le gusta Pia.

martes, 8 de marzo de 2011

J. Lo, Steven Tyler y los 13 magníficos

Que no pase una semana más sin decirlo y argumentarlo: J. Lo y Steven Tyler son unos sucesores más que dignos. De hecho, ya casi ni me acuerdo de ese británico gruñón que empezó a ser alguien por meterse con los concursantes. ¿El truco de los nuevos jueces? No intentar emular a ninguno de los anteriores jueces. Él y sus caras y la ternura de la chica del Bronx son claves para entender su aceptación popular, pero también lo es la sinceridad de sus palabras y el inmenso bagaje que llevan ambos a sus espaldas. Viven la música (sobre todo él) y también viven de ella, y se supone que saben lo que se tiene que tener (en este caso, quizá más ella, que musicalmente es un producto). Además, ambos quedan bien delante de la cámara y no hace falta que sean crueles para comunicar a los concursantes su opinión. Es un programa en positivo y no chirrían sus aportaciones, pues aunque no se les valora, también dicen verdades como un templo entre acto de bondad y de cariño. Entre estos dos astros es normal que Randy haya terminado con una crisis de identidad, creyendo que es el perro ladrador de Simon Cowell pero con las mismas 10 limitadas expresiones de siempre.


Dosis de realidad

Y ahora sí toca hablar de los ‘idolitos’. Por suerte América votó de una forma coherente y el top10 no está repleto de Tim Urbans. Jordan Dorsey, Rachel Zevita, TaTynisa y Julie Zorrilla, por ejemplo, ya se encargaron ellos mismos de cargarse todas sus posibilidades con unas actuaciones lamentables cuando Jordan y Julie tenían verdadero potencial (guapos, correctos vocalmente y, en el caso únicamente de ella, simpáticos). También hubo pequeñas dosis de realidad dejando fuera a Clint Jun Gamboa (un Harry Potter sin magia), Brett (demasiado divo por no tener la voz de Jacob Lusk) y los feos-que-iban-de-guapos, Robbie y Jovany. Otros que, en cambio, dan más pena son Tim Hilperin, Lauren Turner y Kendra Chantelle que, sobre todo en el caso de estas dos últimas, son terriblemente aborrecibles a pesar de sus increíbles voces.


Las wild cards

No sé a qué se dedican las tweens este año. En lugar de elegir a Stefano Langone por méritos propios y su preciosa sonrisa, tuvo que ser el jurado quien lo salvara. Y le doy el visto bueno a la elección, de la misma forma que estoy encantado con la inclusión de Ashthon. Puede que desafine y tenga que controlar su voz, pero sus aires de diva en lugar de ofensivos me hacen mucha gracia. Se la ve cariñosa y su discurso sobre lo amigos que eran todos fue creíble. Naima Adepapo, en cambio, quizá no merecía ser salvada. No es que no tenga talento (aunque para vestir está claro que no), pero era una apuesta distinta y arriesgada y el público no la abrazó (como sí han hecho con Paul McDonald, el mejor chico y una elección extraña para American Idol). Otras con más talento y menos minutos en pantalla (que a Naima la hemos limpiando retretes con más ángulos que Matrix), como Kendra, bien podrían haber obtenido el mismo favor por parte de Steven, sobre todo tras su gran actuación bajo presión.


Inteligencia

La que sí supo aprovechar sus dos minutos de gloria fue Pia Toscano. Todos sabemos que la actuación no era digna de ovación, puesto que el mérito residía más en la canción (Thia la hubiera cantado igual de bien y se la hubieran cargado por robótica, seguro). Y así la chica ha conseguido quitarse de encima la falta de minutos en pantalla durante las audiciones. Otra que, por otra parte, quizá no se merece tantos es Karen Rodríguez, que se le ven las intenciones con tanta defensa del español. Tendrá el voto latino, que la llevará muy lejos, pero muchas simpatías no está despertando. Y otro al que no veo es a James Durbin. Mucha historia de autismo, tics faciales (materia que conozco muy bien) y mucho berrido ultrasónico, pero su imagen de rockero es vergonzosa. Esto se lleva en la sangre, no en el disfraz.




Favoritos (y favoritos)

Y mientras que los pulmones de Jacob Lusk despiertan tanta euforia en el jurado, cuando yo oigo algún que otro desatino y demasiada exageración y afectación, y Casey Abrams se ganó al mundo entero con su versión psicodélica de Put a Spell on You (y su comentario sobre que tiene cara de servir hamburguesas, muy cierto), yo me quedo con Haley y los tweens. Para empezar, la pobre chica recibió unas críticas despiadadas por su Fallin’, cuando lo interpretó a la perfección con sus tremendísimas cuerdas vocales y su único error fue cantarla como si fuera una canción seductora. Y Scott McCreery, Lauren Alaina y Thia Megia están siendo severamente juzgados únicamente por su edad.


Thia no es que sea un robot, sino que para algunos es demasiada perfecta. Y Pia hizo la misma actuación, quizá no tan bien entonada, y la gente se levantó. Que le den un respiro a la Miley asiático-americana que tiene 16 años y se come a la mitad de sus compañeros sólo de abrir la boca. Y Lauren Alaina más de lo mismo. En las entrevistas parecerá que está medio colocada, pero su dominio sobre el escenario fue alucinante, a años luz de cualquiera de sus compañeros, y eligió no gritar a cambio de cantar, como si lo que ella hacía no requiriera ningún esfuerzo cuando era todo lo contrario. Y Scotty... vamos, que tiene dos canciones y parece George W. Bush Jr, pero este chico ha nacido para cantar lo que sabe cantar, country puro. Así que menos criticar la edad de estos tres concursantes y más aceptar que han nacido para esto. Sobre todo en el caso de estos dos últimos, que para añadirle morbo, hay quienes vaticinan un romance entre Lauren y Scotty. Como si les faltaran razones a los pequeñajos de las casas de la América profunda para votarles semana sí y semana también.


sábado, 26 de febrero de 2011

En busca del próximo ídolo americano

Esta entrada contiene spoilers sobre el Top24 de American Idol. ¡Toca hacer un primer análisis de esta nueva temporada!


Una vez más American Idol se ha olvidado del objetivo del concurso: encontrar una persona con talento y carisma que pueda atraer a la gente a las tiendas de discos o macroconciertos. Bueno, no es verdad. Cuando se trata de mujeres, sí que aducen al “whole package”, que en cierto modo es una manera políticamente correcta de decir que cantan bien, tienen presencia y encima están buenas (o a veces sencillamente atrayentes y tremendamente agradables). Pero cuando se trata de evaluar a los chicos, esto no ocurre. Han metido a una selección de chavales que, mientras que todos tienen talento vocal, probablemente provocarán un Lee DeWyze 2.0. Sí, el chico cantaba muy bien y su Allellujah fue brutal, pero nunca suscitó esa fascinación que indujera a los votantes a acudir a la tienda de música, iTunes o armar jolgorio en la red. Eso sí lo consiguió, por ejemplo, Adam Lambert un año antes (había expectación, tenía un público numeroso y, pese a un primer single mediocre, sacó algo decente). Eso es lo que deberían buscar, porque una vez están en el concurso, las votaciones van como van y poco se puede influir en los gustos del público. Y muy a menudo ni ellos mismos saben qué quieren (¿dónde están esos que tanto defendían a Crystal y Lee?).


Esta primera parrafada va dedicada a los chicos. Podrán ser muy majos y tener “buenas historias” (expresión que me obliga a poner los ojos en blanco cada vez que la oigo). Debe haber un perfil distinto como el de Paul McDonald (que destila autenticidad por todos sus poros), un Scott McCreery (que tiene un público y es el yerno que todo republicano rural quiere), un Jacob Lusk (la sobreactuadísima voz) y tipos majos como Stefano Langone (¡el único agradable a la vista!) y Tim Halperin. ¿Pero cómo dejaron escapar a Colton Dixon, guapo, con un perfil definido y dos últimas actuaciones a la altura? En lugar de esto, sin embargo, se quedaron con dos personajes antipáticos como Jordan Dorsey y Clint Jun Gamboa (el típico sin opciones, por repelente e incómodamente feo), James Durbin (la versión “de tourette” de Adam Lambert), Brett Loewenstern (el nerd de colegio con nula imagen para el negocio pero que transmite un mensaje), Jovany Barreto (de tono insoportable y cabeza más rara), Casey Abrams (Crystal Bowersox en chico) y Robbie Rosen (que tiene pelo de guaperas cuando es todo lo contrario). No es cuestión de ser superficial, pero la gente debe tener “algo” y a estos últimos no se lo veo (me gustaría recordar que Adam Lambert no era guapo y Kelly Clarkson era de todo menos morbosa). Aquí va una actuación de Paul con Kendra Chantelle. Puede que a primera vista no sea material para este programa, pero es todo un descubrimiento:




Con las chicas, sin embargo, es otro mundo. Con ellas no dudan que se necesita algo mejor que una voz bonita y piensan en la industria que hay detrás (no vas a American Idol para tocar en bares reducidos, cada cosa en su lugar). Por eso cuando veo a Ashthon Jones (que sabe muy bien cómo vestir para atraer la mirada) y a TaTynisa (con un nombre de chiste) pienso en Beyonce y en las Destiny’s Child; con Thia Megia pienso en Miley Cyrus (que Disney la fiche, por favor); en Haley Reinhart (¡qué vozarrón!), Rachel Zevita y Lauren Alaina son las regular girls que nunca sabes cómo pueden calar; en Karen Rodríguez intuyo una promesa (no es guapa, pero es muy interesante); y en Julie Zorrilla ves una estrella en potencia. La mona Pia Toscano, las desconocidas Lauren Turner y Kendra Chantelle y la rara Naima Adepapo ya son otra cosa. Las que están allí y a las que no se augura nada bueno (a menos que Pia aproveche su físico y elija bien las canciones). Y aquí va la actuación de Haley, que resurgió en su solo de la Hollywood week con un chorro de voz que me dejó sin habla:




¿Y mis favoritos? Como podéis intuir a partir de los vídeos: Haley y Paul, claro que tras los cástings no sirve de nada posicionarse y estos dos pueden caer como moscas antes de llegar al top12. Es a partir de ahora cuando nos demostrarán si el potencial se convierte en hechos y si los nervios pueden con ellos (las chicas se desmoronaron al llegar a los directos). Y digo que son mis favoritos porque son menos obvios, porque Karen, la Zorrilla y Ashton me fascinan con su ‘package’ y aún dudo de si he entrevisto un ‘algo’ en Rachel Zevita. Aquí os dejo un vídeo de Julie Zorrilla, que claramente tiene estrella, ni que sea porque es rutilantemente guapa y tiene una sonrisa que te alegra el día. Y si no os gusta que sea superficial, quejaos ante la humanidad porque yo no me he inventado este negocio. Bueno, y además aparecen Rachel Zevita, Lauren Turner y Tim Halperin, también del Top24:




En los próximos días tocará una entrada sobre los jueces de esta edición. Os avanzo ya algo: no echo nada de menos a Simon Cowell. J. Lo y Steven Tyler se salen.

viernes, 28 de mayo de 2010

El zumo concentrado de American Idol

Gala final de American Idol, con despedida de Simon Cowell, duetos de los concursantes con Joe Cocker, Alice Cooper, Alanis Morissette, Bee Gees, Hall & Oates, Brett Michaels, Janet Jackson y Christina Aguilera, actuaciones de ganadores pasados, vídeos recordatorios, aparición de Ricky Gervais, conexiones con las poblaciones natales de los finalistas, anuncio del ganador y actuación final por... 90 minutos netos (127 con publicidad). Quizá la edición habrá sido rotundamente decepcionante, pero nadie podrá negar que su realización ha sido impecable. Incluso cuando a los americanos les sale el tiro por la culata, le dan mil vueltas a lo que tenemos aquí.


Pero no me voy a pasar aquí el rato comentando lo terrible que era Carlos Lozano en Operación Triunfo a la hora de recordar los nombres de los concursantes, el mal rollo que imperaba en el plató alrededor de Risto Mejide, los recursos de estudiante de secundaria de Jesús Vázquez o esas galas que se perdían por el túnel del tiempo. No. En mi fascinación por American Idol también hay un factor muy importante que tiene más que ver con su cultura, sus preferencias musicales y sus iconos que con su superioridad técnica (aunque me imagino a Alaska, Miguel Bosé y Mecano encima del escenario y tampoco se me antoja mal la alternativa).


Que Lee DeWyze acabara ganando esta edición en realidad importa tan poco como que Kris Allen triunfara en la anterior. Entonces todos supieron que tendría mucha más repercusión Adam Lambert y creo que volverá a suceder. No sé hasta que punto Crystal Bowersox será capaz de encontrar su público (pues también lo tendrá difícil), pero sí opino que nadie se acordará de DeWyze dentro de un año. Me recuerda al Jason Biggs del mundo de la canción, tanto por su aspecto físico (hay dos clases de gente normal: los que hacen gracia y los que no, y él es un tocho), como por la situación: ha estado en el sitio y en el momento adecuado, pero una vez salga de la fábrica de Simon Fuller no tendrá donde esconderse del chaparrón que se le acerca. Ah, y cabe destacar que en la gala anterior, la que importaba, DeWyze debió convocar a otro huracán Katrina con sus gallos. Su Beautiful Day fue condenable mientras que Crystal se salió otra vez con la que ha sido su mejor elección durante su curso: Me and Bobby McGee de Janis Joplin. Claro que como esta actuación ya la colgué en otro post, mejor aprovechamos el gran material que es verla hacer un dueto con mi venerada Alanis Morissette. Atentos al cambio de letra de Oughta Know, que pasa de “Would she go down on you in a theatre” a “Would she go down with you to the theatre”.




Las terribles críticas que ha tenido esta edición, además, no creo que vayan a ayudar a ninguno de los que ha pasado por allí, aunque si tuviera que apostar algo de dinero en alguno de ellos, invertiría en Siobhan Magnus. Tuvo un agujero negro en sus interpretaciones, pero su voz sigue siendo de lejos la mejor que ha pasado (y no me refiero sólo a este año) y su personalidad es suficientemente excéntrica pero sin pasarse. En el programa de David Letterman demostró otra vez que ese Paint It Black no fue un golpe de suerte y seguro que American Idol habría crecido de forma exponencial si hubiera sucedido, como pensé durante algún tiempo, un tenso y largo duelo entre ella y Crystal. Ya se lo dijo Letterman: “No sé porqué te echaron y tampoco me importa, pero según mi opinión tú deberías ser nuestro ídolo americano”.




Y, si algo me jode de todo este descalabro, es que el público no amó a Alex Lambert como hubiera debido por culpa de su presencia (¿Acaso Aaron Kelly, Lee DeWyze, Katie Stevens y Casey tenían?). No llegó al Top12 cuando tenía la mejor voz masculina de la edición. Pero yo le seguiré los pasos, al igual que a Lily Scott, que algo me dice que dentro de unos años aparecerá bajo otro nombre al igual que Mai Meneses hizo aquí. Y si alguien no me cree con respecto a Lambert, que lo oiga en el programa de Ellen DeGeneres (pues ya colgué otros vídeos suyos aquí). ¿Presencia? Ni le hace falta con su magnífica voz.




El reto al que ahora se enfrentará el concurso será encontrar un sustituto que esté a la altura de Simon Cowell. No pueden cagarla otra vez como con la inclusión de Ellen DeGeneres que ni le llega a la suela de los tacones a Paula Abdul. Adoro a Ellen en su talk show, pero reconozco que no se ha atrevido a mojarse en las 20 semanas que llevamos de concurso, cuando tendría mucho que aportar a nivel de presencia y posibilidades comerciales (que por algo ha fichado a Greyson Chance). Si los responsables que hoy en día producen American Idol son listos, ofrecerán un tentador cheque a Shania Twain. Si algo demostró en sus apariciones es que tiene carácter, es divertida y no habría nadie que la ganara en experiencia.

jueves, 15 de abril de 2010

La derrota de American Idol

Los jueces no pudieron evitar que Tim Urban se colara entre los 12 finalistas de esta edición de American Idol. No podemos recriminar a Simon Cowell que no lo intentara. Llegó un punto en el que ni tan siquiera Urban tenía la culpa de seguir en el concurso: las tweens lo quieren y todos sabemos el poder que tienen. Así que, al no poderse quitar ese trozo de carroña que destroza canciones por doquier en el concurso, los jueces han decidido abrazarlo con todo su amor. Si no puedes con tu enemigo, únete a él.


Algunos podrían pensar que se trata de psicología inversa y que con sus alabanzas esperan que el psicópata de Apologyze acabe de patitas en la calle. Pero no. Ha quedado probado una vez tras otra que, cuanto más cariño recibe de Ellen y compañía, más votos también consigue. ¿Entonces por qué alaban actuaciones mediocres como el Can’t Help Falling in Love del martes? ¿Por qué nadie recuerda que sencillamente el chico tiene una voz por debajo de mediocre? Pues porque necesitan legitimar el concurso de alguna manera. Ellos ya saben que esta edición es literalmente una mierda, pero obviamente no lo reconocerán. Y antes que asumir una derrota, cuando aún les quedan semanas por delante, prefieren acoger a este chaval que simboliza el error que cometieron: un cásting que no estuvo a la altura.


Por culpa de esto, escribo el resumen sin el menor atisbo de entusiasmo. Cada semana las galas son más aborrecibles y me pongo de los nervios sólo de ver como ese pitufo de voz mediocre llamado Aaron Kelly sigue por el plató. Es para coger a Ellen, Simon, Randy y Kara y tirarles un petardo en el oído a ver si reaccionan, porque a ratos diría que ellos están sordos (y ciegos) o yo necesito ir urgentemente al otorrinolaringólogo. O bueno, recuerdo que Didi se largó por la puerta trasera para luego utilizar el comodín con ese gorila que se coló en los cástings, y sufro una súbita pérdida de pelo.


Diría que lo único interesante fue ver como se recrearon a la hora de cargarse la actuación de Siobhan. No fue magnífica, eso está claro, ¿pero de quién fue la culpa? Después de semanas criticando que se tira al ruedo con su voz de una forma demasiado descarada, la pobre le ha cogido miedo a eso de darlo todo. ¿Por qué no le dijisteis sencillamente que controlara la voz en lugar de escoger otro tipo de canciones? ¿Ahora os quejáis por sus elecciones? Realmente pareció que quisieron sacarse un “Didi” de debajo de la manga para que así el público la echara al día siguiente.


Y en cuanto las eliminaciones... aunque hubo quienes reunían más méritos (Tim, Aaron, Mike), no fueron del todo injustas. Andrew no era carne de final 12 y Katie no supo estar a la altura de las expectativas que crearon sus primeras actuaciones en Hollywood. Sin embargo, si algo podemos aprender de Katie y Andrew es su forma de aceptar la eliminación: con clase, estilo y agradecidos por todo el apoyo recibido. A ver si Big Mike, que tanto le gusta venderse como padre (y me gustaría ver las horas que pasa con su hija), aprende de la demostración de Katie, que con 17 años le ha pasado la mano por la cara con su madurez y sin hacer berrinches como esa masa de 120 kilos pero con un claro déficit de materia gris.


Y aquí cuelgo el vídeo de Tim Urban, no porque me guste, sino para que quede claro que no es para tanto.